La historia de Mirta Bertotti (protagonista del blog que el mismo Antonio Gasalla adaptó para la escena)
entretiene de principio a fin, aun con sus baches narrativos y escenas que rozan el mal gusto.
¡Más respeto que soy tu madre! de H.Casciari. Adap. y Dir.: A. Gasalla. Int.: A. Gasalla,E. Liporace, A. Anchart, E. Pérez, E. González, N. Móttola y S. Borrás. Esc.: J. Ferrari. Ilum.: R.Traferri. ( Metropolitan 1.)
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Nadie mejor que Antonio Gasalla para mostrar el derrumbe de la clase media argentina a través de una familia de costumbres non sanctas que ante la presión de la crisis económica termina conviviendo con la violencia, la promiscuidad y la ignorancia. Pese a la falta de comunicación entre padres e hijos, a la homofobia y machismo de unos y a la indiferencia de otros, los Bertotti se mantienen unidos por el afecto.
El material de este espectáculo proviene de un famoso blog de Internet («Diario de una mujer gorda» de Hernán Casciari), de estructura fragmentaria y saturado de situaciones delirantes de las que Gasalla se apropió para imprimirle su particular estilo. Obviamentetuvo que suprimir muchos episodios y personajes para su adaptación escénica. A diferencia de aquella familia que creó en 1989 para su programa «El mundo de Antonio Gasalla», ésta resulta mucho más zafada, ya que refleja un mayor deterioro de todos los vínculos, instituciones y redes sociales.
El actor compone a la simpatiquísima Mirta Bertotti, un ama de casa de la ciudad de Mercedes que equilibra como puede el salvajismo de su familia,mostrándose comprensivafrente a los berrinches de su marido (Enrique Liporace), esforzándose en manejar los desbordes sexuales de sus tres hijos o haciendo la vista gorda ante el abuelo (Alberto Anchart) que trafica marihuana.
Pese a sus limitaciones y a su propia carga de locura, Mirta es una mujer cariñosa y emotiva. Por otra parte, su familia no carece de sensibilidad, como lo demuestra el cuadro donde todos celebran un año más de democracia.
La historia de los Bertotti logra entretener durante casi dos horas de espectáculo. Aún así quedan por ajustar algunos baches narrativos y ciertas incoherencias de guión en relación a la personalidad del abuelo, la entrada y salida de dinero o el abrupto paso a la heterosexualidad del hijo gay.
Cabe advertir, además, que en esta comedia abunda el humorescatológico y muchas de sus escenas rozan el mal gusto. El público las festeja igual, pero francamente desentonan con el humor inteligente y corrosivo de este gran maestro de la comicidad.
La composición de Gasalla no defraudará a su público ya que es el principal sostén de esta obra. El actor nunca abandona la escena, lo que tal vez sea un exceso, dado que sus tradicionales cambios de vestuario detrás de un biombo en este caso entorpecen la dinámica de la obra.
¡Más respeto que soy tu madre! es ante todo un gran monólogo atravesado por diversas acciones dramáticas en las que el resto del elenco acompaña a Gasalla con destacable desempeño.
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