10 de julio 2009 - 00:00

Giro: ahora es China la que apunta a Al Qaeda

A la izquierda, Ablimit, un conserje del hotel Tan Nuri de Urumqi, muestra las heridas propinadas por un grupo de chinos han. A la derecha, Zhang Niangying exhibe las consecuencias de un ataque de uigures.
A la izquierda, Ablimit, un conserje del hotel Tan Nuri de Urumqi, muestra las heridas propinadas por un grupo de chinos han. A la derecha, Zhang Niangying exhibe las consecuencias de un ataque de uigures.
Con Xinjiang ahora en tensa calma -impuesta a la fuerza por el toque de queda, la amenaza de pena de muerte, al menos 1.500 arrestos, 156 muertos y más de 20.000 efectivos patrullando esa región del extremo noroccidental de China-, ahora le toca a Pekín reordenarse en sus relaciones internacionales. Y no sólo con el mundo islámico, al que pertenece la etnia de los uigures, mayoritaria en Xinjiang, sino en especial con Turquía, el estado que ayer marcó la punta en el reclamo de sanciones para el Gobierno de Hu Jintao.

Cuando está fresca aún la reciente visita del presidente turco Abdulah Gul a China y en especial a Xinjiang, Ankara pidió que la represión y conflictos étnico-sociales suscitados en esa región sean tratados por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El primer ministro Tayip Erdogan le achacó a la violencia de la última semana «dimensiones de atrocidad», casi un «puente de amenaza entre Turquía y China».

La defensa que hace Ankara de los ocho millones de turco-parlantes uigures se inscribe en la nueva política de pan-turquismo (o regreso al imperio otomano) que sustenta ese Estado desde hace dos años, mientras busca liderar globalmente una liga de países musulmanes.

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En cuanto a los uigures, no sólo el idioma los conecta con Turquía. También la historia de su región, Xinjiang o Turkestán del Este. En los 90, fue casi disuelto un grupo separatista terrorista de esa etnia, el Movimiento Islámico del Turkestán Oriental (ETIM por sus siglas en inglés), que buscaba revivir la República Independiente islámica del Turkestán Oriental o de Uiguristán, nacida en 1933 y muerta en 1934.

Hubo un segundo intento de República del Turkestán Oriental en 1944, con la ayuda de la Unión Soviética, sueño que fue arrasado por el Partido Comunista Chino en 1949, cuando se la declaró provincia. Ya convertida en región, a partir de los 70, el buró central del PC ordenó una política de migración interna para «diluir» a los uigures en esa región. Y «desautonomizarlos» y «achinarlos».

Con una propaganda migratoria de «hay que conquistar el Oeste», calcada de la del Far West estadounidense, Pekín promovió el asentamiento de los han (el 90% de los chinos pertenece a esa etnia) en Xinjiang. Hoy, de los 20 millones que la habitan el 39% son han y el 40% uigur.

Pero en la capital, Urumqi, epicentro de los violentos disturbios de esta semana, viven 3 han por cada uigur.

Origen

El Gobierno de Hu Jintao ha hecho trascender que los sucesos de esta semana tendrían origen en grupos separatistas terroristas uigures, una acusación que equipararía a Pekín con Madrid, Londres y Washington frente a la amenaza del «eje del mal» denunciado por George W. Bush después del 11 de setiembre de 2001.

También, vale decir, lo pondría en la categoría de posible blanco para un atentado del terrorismo islámico. Mucho más después de que China reportara a EE.UU. que los movimientos del ETIM se interconectaban con los de Al Qaeda.

Sea verdadero o no que los disturbios se originaron en una operación del ETIM (los especialistas se inclinan a que se debieron a choques étnicos y en un racismo pro han, promovido desde Pekín, como muestra del nuevo nacionalismo chino), la conexión con este grupo terrorista inhibe a Occidente de tomar partido por los uigures. Por eso es que hasta ahora sólo Turquía, como etnia de origen, es la que reclama por ellos.

Desde el punto de vista chino, en cambio, Xinjiang siempre fue el gran «check-point» o avenida de entrada para todo el comercio con Asia Central, Medio Oriente y Europa. Está en la antigua «ruta de la seda», itinerario que hasta Marco Polo transitó en el siglo XIII. Hoy, Xinjiang no sólo alberga a la porción más importante de su arsenal nuclear (resguardado de sus vecinos detrás de las montañas de Tian Shan) y a prometedores yacimientos de gas y petróleo sino que es el corredor de acceso, por transporte terrestre o ductos, para la energía proveniente del Mar Caspio.

En otras palabras, del control de Pekín sobre esta región y los uigures depende el abastecimiento en hidrocarburos para China.

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