- ámbito
- Edición Impresa
Grande entre los grandes
Las dos imágenes de la final. La felicidad de Juan Martín del Potro levantando el trofeo y la desazón de Roger Federer, que no esperaba perder.
Cualquier semejanza con el match de ayer entre Juan Martín del Potro y Roger Federer no es pura coincidencia. El tandilense se apoyó en su fortaleza mental para no claudicar ante los resbalones que fue padeciendo. Ya de entrada se le hizo cuesta arriba el partido. Sin contemplaciones, el suizo impuso su ritmo en el primer set y se lo llevó por 6-3. Un golpe duro para la moral del argentino. Sin embargo, se repuso rápidamente en un reñido segundo set, que definió recién en el tie-break por 7-5.
Y, cuando parecía que Del Potro le daría rienda suelta a su juego potente y eficaz desde el fondo, Federer resurgió y mostró que estaba vivo. Una doble falta del tandilense en el décimo game se tradujo en quiebre y set para el suizo, que recuperó el semblante. En estas circunstancias, el cuarto parcial se tornó clave para las aspiraciones del argentino, que aprovechó sus situaciones de quiebre para ponerse 3-2 arriba. Pero el número uno del mundo niveló con otro quiebre para 4-4. Poco después, el suizo se encontró a dos puntos para cerrar el partido, pero la Torre de Tandil justificó por qué el saque es su arma más peligrosa. Bajo presión, igualó el set en cinco y forzó la definición al tie-break, que cerró con un sólido 7-4. A partir de entonces, comenzó el desmoronamiento de Federer. Sus golpes con slice que tanto solían complicar a Del Potro ahora no aparecían. Cometió once dobles faltas, algo inusual en él. Así, le allanó el camino a la gloria a su rival, que liquidó el pleito en su tercer match-point, cuando la pelota del suizo se fue larga.
«Tenía dos sueños esta semana. Uno era ganar el Abierto de Estados Unidos y el otro, ser como Roger. Cumplí uno, pero necesito mejorar muchísimo para ser como tú», elogió Del Potro tras consumar su primera victoria en el historial ante Federer.
Y agregó: «Esto es especial para mí, estar en esta cancha, con este trofeo. Esto será algo que no olvidaré en el resto de mi vida. A la gente que me apoyó todo el tiempo, esto es para ustedes».
Un párrafo aparte merece la labor del coach del tandilense, Franco Davin, un especialista en moldear campeones. En 2004, guió a Gastón Gaudio al título en Roland Garros, donde se impuso en la recordada final ante Guillermo Coria. Ahora, condujo a Del Potro a conseguir su primer Grand Slam en su torneo favorito.
«Ya llegué adonde quería (...) Con esto termino una etapa, la más importante de mi vida. Me doy cuenta de que me estoy poniendo viejo porque empiezo a recordar (...) Estoy en el lugar que siempre soñé», sentenció Vilas después de la final ante Connors. Trazando una analogía con Del Potro, mientras que el ex número dos del mundo ya empezaba a transitar sus últimos momentos por los Majors (a la postre terminó ganando dos más), el tandilense recién comenzó a dar sus primeros pasos en este tipo de certámenes. Con 20 años, aún le queda mucho camino por andar. Su vertiginosa carrera es muy auspiciosa de cara al futuro. Federer, Nadal y Murray ya lo miran de reojo.



Dejá tu comentario