Por más que se la disfrace, la situación laboral norteamericana es un desastre. La desocupación creció del 9,7% en marzo al 9,9% (la primera suba en tres meses) y la subocupación al 7,2%. El porcentaje de personas con problemas graves de trabajo se acercó al máximo de octubre pasado (17,1% en abril; 17,4% en octubre). Más de 15,3 millones de personas no tiene trabajo y de éstos, 6,7 millones (récord histórico) hace más de seis meses que están desempleados, mientras 9,15 millones buscan un trabajo de tiempo completo. Es cierto que más personas consiguieron empleo que en marzo, pero fue básicamente por el censo 2010 -termina en junio/julio- y el incremento del empleo estatal (un 35% de todos los nuevos puestos), pero muchas más tuvieron que salir a buscar trabajo. Los negocios pequeños, el motor en la creación de empleo, no consiguen créditos, ni la demanda les justifica tomar trabajadores. Para la gran industria, la crisis europea sólo promete frenar las exportaciones. Ya hay estimaciones que dicen que la desocupación seguirá por encima del 9% hasta pasadas las elecciones de noviembre, lo que sería desastroso para los demócratas. La semana pasada terminó con la mayor caída del Dow desde que comenzó la suba en marzo del año pasado (el viernes, el Dow retrocedió el 1,33% a 10.380,43 puntos; en cinco días pierde el 5,71%; el dólar cede el 2,69% frente al yen, pero avanzó el 4,58% ante el euro, los commodities perdieron el 5,9%, el petróleo el 12,81%, el cobre el 6,19%, pero el oro subió el 2,53% y la tasa retrocedió 23 puntos básicos al 3,43%). Cuando los problemas no se soluciona, se acumulan y crecen. Con algo de suerte las cosas se pueden calmar en estos días. Ojalá sea así.
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