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Griesa y el Citi: otros 30 días que extienden el suspenso
Copia de la versión taquigráfica de la audiencia del viernes pasado.
Más allá de ese final, sobrevoló a los argumentos del juez una cierta sensación de que, en el fondo, Griesa busca tiempo, quizá para poner coto a su propia orden inicial que hasta buena parte del mundo jurídico de Wall Street considera excesiva, para llegar a enero.
El tratamiento que el juez le dio al Citibank, en la persona de su abogada Karen Wagner, como agente pagador de títulos al escuchar el reclamo y razonamiento sobre la ley y los hechos de por qué los bonos emitidos en dólares bajo jurisdicción argentina deben considerarse distintos a los que debe pagar el BoNY, hablan de la clara distinción que hace el magistrado entre los buitres y uno de los mayores bancos de los Estados Unidos y el mundo. Casi una cuestión social de la que la Argentina puede sacar provecho, aunque sea en forma efímera y por un porcentaje menor del total del problema a solucionar en ese juzgado.
La audiencia del viernes pasado, especialmente en su inicio, pareció cambiar por momentos el equilibrio de una balanza que había estado en los últimos tiempos siempre a favor del reclamo de los fondos buitre. Aunque al final la Argentina, en realidad el Citibank, no tuvo la victoria total que pretendía, es decir, que los bonos argentinos nominados en dólares bajo jurisdicción local quedaran definitivamente excluidos de la restricción legal que Griesa les impuso a los pagos a bonistas reestructurados, hubo gestos, guiños, retos y giros del juez hacia los abogados de los fondos que alentaron la posibilidad de alguna flexibilidad. De hecho, por momentos pareció que la audiencia marchaba a favor de la pretensión del Citibank, lo que obligó finalmente a los abogados de Aurelius y NML a sacar de carpeta la opción B: resolución propuesta (ya antes debatida con Warner) para conceder un stay que habilitara el pago por única vez y llamar a presentar pruebas en 30 días.
Como en todos los casos anteriores, la audiencia del viernes fue convocada en la sala 26 B del edificio donde reside la Corte del Distrito Sur de Nueva York. El número no es caprichoso: el salón para el debate, un recinto clásico de juzgado estadounidense, está ubicado en el piso 26 de ese enorme edificio con ventanales que dan al norte de la isla de Manhattan. Imposible lograr una mejor vista de Nueva York que desde allí.
En la sala se ubicaron en una primera fila los abogados del fondo NML, entre ellos Theodore Olson, de Aurelius, y Edward Friedman (el más duro y activo de la sesión). Detrás de ellos equipo de abogados del Citibank del estudio de Davis Polk and Wardwell, encabezado por Karen Warner y más atrás, en la primera fila de observadores, Carmine Boccuzzi, de Cleary Gottlieb Steen & Hamilton, abogados de la Argentina; el representante de Clear Stream, John Vassos; y del Morgan Chase, Howard Levi.
Se ha argumentado bastante en los últimos tiempos sobre la capacidad que puede conservar el anciano juez Griesa para diferenciar los distintos tipos de bonos involucrados en el litigio.
El viernes pasado, el juez, a pesar de su ralentada velocidad para expresar sus razonamientos y los largos silencios que exasperaron a los abogados, no dio esa sensación. Por el contrario, freno, avanzó, protestó, apoyó a unos, desmintió a otros y aunque no le concedió al Citibank la eliminación definitiva de esos bonos de la lista bloqueada, abrió una puerta para continuar el debate después de haber autorizado el pago de esta semana.
La discusión de base que plantearon en su juzgado los abogados del Citi, que Griesa habilitó y sobre la que en los próximos 30 días las partes deberán aportar pruebas fue básicamente si esos bonos argentinos en dólares bajo jurisdicción local pueden ser considerados deuda doméstica o, como argumentan los abogados de NML y Aurelius, fueron ofrecidos en el exterior fuera del canje original y por los tanto deben estar alcanzados por la orden original de Griesa.
(*) Enviado especial a EEUU


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