12 de marzo 2009 - 00:00

Grietas profundas en la economía de los EE.UU.

En los meses de enero y febrero pasados la recesión norteamericana se propagó y profundizó en toda la economía. Los consumidores continuaron retrayéndose y las empresas, empujadas por la caída de las ventas, eliminando personal. El agro está anémico y el consumo de recursos naturales, en caída libre. El sector de la construcción sigue virtualmente paralizado. El de los servicios, contrayéndose fuertemente. Las ventas de los hoteles, por ejemplo, cayeron un 42% respecto del año pasado. Peor aún, el sistema financiero continúa sumamente débil y sin poder cumplir con su función esencial de intermediar entre el ahorro y la inversión, sin suministrar el crédito que las empresas necesitan vitalmente para evolucionar. Por todo esto, el consenso prevaleciente entre los economistas ahora sugiere que no habrá reactivación de la economía norteamericana, cuanto menos hasta el año que viene.
Tan sólo dos economías regionales parecen haber evitado, hasta ahora, la fuerte profundización de la recesión: las que giran en torno a Filadelfia y Chicago.
Mientras tanto, el programa federal de estímulo a la reactivación económica -de 787 billones de dólares- ha comenzado a desplegarse, aunque lentamente. El Federal Reserve sigue asistiendo constantemente a las entidades financieras y acaba de lanzar un nuevo programa para financiar el consumo y estimular las actividades de las empresas más pequeñas.
La situación social se ha agravado notoriamente, con una tasa de desempleo nacional del 8,1%, la más alta de los últimos 26 años. En Michigan, donde está emplazado el corazón de la industria automotriz, esa tasa es del 11,6%.
Los despidos se han acelerado, especialmente en los sectores manufactureros, de transporte y logística, financiero y comercio minorista y así la crisis ha impactado en el empleo. A punto tal que la estructura misma de la economía norteamericana saldrá de la crisis con un perfil seguramente diferente, razón por la cual desde el Gobierno se están redoblando los esfuerzos por capacitar y reentrenar al personal que hoy está quedando sin trabajo, dedicando a esos programas unos 4,5 billones de dólares.
Desempleo
Desde que comenzó la recesión se perdieron unos 4,4 millones de empleos. Tan sólo en el último trimestre, unas 650.000 personas han quedado -mensualmente- sin trabajo, fenómeno que afecta principalmente a los varones. El sector de la salud es, no obstante, una interesante excepción, desde que ha podido mantener su nivel de actividad, aumentando levemente el empleo en febrero pasado. En las universidades, para los nuevos graduados el clima es de abierta ansiedad. Las tradicionales entrevistas para conseguir empleo han caído sustancialmente, en algunas de ellas hasta un 20%.
Los norteamericanos, sin embargo -pese a que un 70% manifiesta (con razón) estar sumamente preocupado por la economía- siguen esperanzados en la labor del presidente Barack Obama. Antes de la reciente elección presidencial, apenas un 12% de ellos sostenía que el país estaba en buen camino. A mediados de enero pasado esa cifra era ya del 26% y hoy es del 41%, lo que sugiere que la popularidad del Presidente, pese a la realidad, ha crecido.
Así están las cosas, en medio de un clima de dureza y dificultad generalizado que, lejos de estar disipándose, parece haber ingresado en la etapa más dura de la recesión.
(*) Profesor visitante de la Universidad de Michigan.

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