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Gualeguaychú rechazó el fallo y no levanta corte
Los vecinos que escucharon el fallo apostados sobre la ruta atravesaron momentos de euforia, pero finalmente los gobernó una profunda desilusión por la conclusión a la que arribó La Haya.
«No puede ser que se lleven (los uruguayos) de arriba una ilegalidad tan grande como lo es la violación de un tratado binacional», alegan ahora los dirigentes ambientales en una diatriba que se aleja del reclamo original por la suposición de que Botnia contamina y que fue, en definitiva, el argumento que sostuvo todo este tiempo la movida social.
De hecho, el tema será excluyente en la reunión que gestiona la Cancillería uruguaya desde ayer. Además, la negociación por el fin del corte es la llave de acceso de Néstor Kirchner a la presidencia de la UNASUR, votación que se realizará el próximo 4 de mayo.
Pero nada parece indicar que será un plan de fácil ejecución. Los entrerrianos están dispuestos ahora más que nunca a dar la vida por esa barricada. Ante cualquier referencia del ministro Aníbal Fernández sobre la ilegalidad de la protesta, los ambientalistas responden que si la Casa Rosada manda a la Gendarmería a desalojarlos, «será un baño de sangre». Lo dicen quizá porque saben que en el fondo el Gobierno no está dispuesto a pagar el costo político que ello representaría.
Ayer, cientos de personas siguieron en silencio, con gestos tristes, el ceño fruncido y banderas argentinas aferradas con tensión la lectura de la sentencia en el paraje Arroyo Verde, donde desde hace más de tres años mantienen bloqueado el acceso al puente internacional General San Martín que conecta con la ciudad uruguaya de Fray Bentos.
Unos pocos aplausos matizaron la extensa lectura del fallo, cuando se dictaminó que Montevideo violó el Estatuto binacional del Río Uruguay, que data de 1975. Pero la decisión de que la planta de Botnia siga funcionando dado que Uruguay «respeta» las normas medioambientales y que la Argentina «no ha podido demostrar» que produzca contaminación les dejó sabor a poco a los asambleístas, que pedían en sus pancartas «Fuera Botnia» y «Sí a la vida».
«No era lo que deseábamos, pero era lo que esperábamos», admitió una mujer. «Estuvo mal, la verdad, un desastre», «La lucha comienza hoy nuevamente, Gualeguaychú no baja los brazos», fueron otras de las voces de los contrariados vecinos.
«No estamos contentos, para nosotros seguimos en lo mismo. Los de Gualeguaychú queremos que se vaya Botnia porque queremos vida», afirmó una anciana enojada.
Hombres, mujeres y niños se congregaron en Arroyo Verde para conocer el fallo inapelable a través de pantallas gigantes y parlantes de alta potencia. Estuvo también Evangelina Carrozo, la ex reina del carnaval que sorprendió en 2006 a cerca de 60 jefes de Estado y de Gobierno de Europa y América Latina durante una cumbre en Viena al aparecer con un mínimo traje de carnaval y un cartel que rezaba «No a las papeleras contaminantes».
Los niños de Gualeguaychú incluso pudieron faltar a clases sin que se les compute la inasistencia; los comercios, por su parte, permanecieron con las cortina bajas hasta entrado el mediodía.
La sentencia será analizada con mayor tranquilidad en el marco de la asamblea, que anunciará más tarde su plan de acción. De todas formas, ya está convocada para el próximo domingo la sexta marcha anual al puente internacional contra la pastera.
Los activistas de Gualeguaychú se erigieron desde el inicio del conflicto, hace siete años, como punta de lanza de una movida social sin precedentes en el país.
El bloqueo permanente que instalaron a fines de 2006 en el paso internacional quedó como emblema del litigio, una marca indeleble del malestar de los argentinos que cortaron el intenso tránsito por el puente que nutre desde hace décadas a las dos naciones hermanas.

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