8 de marzo 2010 - 00:00

Guerra de estilos de Hillary y Cristina se traslada al ajuar

En su visita a Buenos Aires, Hillary Clinton optó por un look conservador y masculino. Al revés de Cristina de Kirchner, que recibió a la dama estadounidense con las prendas más llamativas y femeninas de su ajuar.
En su visita a Buenos Aires, Hillary Clinton optó por un look conservador y masculino. Al revés de Cristina de Kirchner, que recibió a la dama estadounidense con las prendas más llamativas y femeninas de su ajuar.
Al menos en materia de look, Cristina de Kirchner demostró estar en las antípodas del estilo que practica Hillary Clinton. Para la secretaria de Estado estadounidense, un ajuar elegante y masculino es condición necesaria de un look que transmite poder. Es lo que los estadounidenses llaman «empowering», un concepto que surgió a partir de la llamada revolución sexual y del feminismo. Significa lograr que con cada paso que den, las mujeres impongan autoridad y se muestren poderosas con su actitud y con su imagen.

Un concepto que propone dejar de lado la debilidad que se atribuye al sexo femenino despojando de femeneidad al look. Al revés de Cristina de Kirchner, que siempre se preocupa por mostrarse femenina con brillos y estridencias, Hillary no usa prendas llamativas, según dice, para no distraer con su ropa la atención del público cada vez que da un discurso. Los pantalones, sacos de corte recto, camisas de algodón, tonos neutros y el cabello corto son los rasgos característicos de su estilo, que le permitió diferenciarse del fantasma que atormenta a cada dama que ocupa la Casa Blanca, el de la glamorosa Jackie Kennedy. Puede una estar de acuerdo o no -después de todo, no es necesario vestir masculina para sentirse poderosa-, pero la dama estadounidense no necesita recurrir a las faldas, las joyas, el maquillaje recargado o una larga melena para resaltar su condición de mujer. Se muestra y se comporta como dama pese a no usar polleras.

Su impronta es totalmente diferente a la de la Presidente argentina. Al revés de la dama de la política de Estados Unidos, Cristina de Kirchner creó su estilo bajo la premisa de no abandonar jamás su femeneidad, aun a costa de quebrar los protocolos. Utiliza todos los recursos a su alcance a la hora de crear su indumentaria y dedica varias horas del día al cuidado estético.

Como si el solo hecho de pensar un estilo masculino la abrumara, la jefa de Estado argentina sacó a relucir lo más femenino de su guardarropas para diferenciarse de la secretaria de Estado norteamericana: las faldas, los estampados sensuales, las transparencias y las prendas entalladas dominaron la escena durante la breve estadía de Hillary en la Argentina. La paleta rosada, esa que representa a las mujeres, fue la gran protagonista del guardarropas presidencial. En cambio, la esposa de Bill Clinton prefirió la sobriedad de los grises y el negro, y sólo se permitió algo de color para su encuentro con la mandataria argentina.

Sencillez

Ese día, la estadounidense eligió un tailleur azul eléctrico y un pantalón negro de corte recto. Una pequeña gargantilla de plata con detalles de oro, con una pulsera y aros haciendo juego y el maquillaje casi imperceptible completaron un estilo despojado y sencillo. Muy distinto el que Cristina de Kirchner eligió para la ocasión. En el encuentro con la secretaria de Estado del país del Norte, el lunes pasado, usó un vestido de gasa semitransparente negro, floreado en color magenta. A tono con las flores, un infaltable cinturón ancho resaltaba el talle avispa y los botones superiores del escote desprendidos dejaban asomar un collar de tres vueltas de perlas rosadas. Además, intentó potenciar su costado más femenino con rouge rosado, y las uñas -más largas que de costumbre- pintadas con brillante esmalte blanco.

La cumbre pareció una guerra de estilos disímiles, aunque coincidentes en un aspecto: ninguna de las dos tiene un look azaroso. Tanto para Hillary como para Cristina la ropa forma parte de su estrategia para exhibir cierta dosis de poder. Para la primera, la clave es ser austera y mostrarse con un estilo ejecutivo. La segunda, en cambio, apela a la ostentación y muchas veces hasta a los desaciertos para acaparar todas las miradas. Y, guste o no, Cristina de Kirchner lo logra porque mientras la ropa de Hillary Clinton pasa inadvertida, la extravagancia de la presidente argentina termina siendo difícil de olvidar.

Dejá tu comentario