Según las mediciones privadas que se publicaron la inflación del 2017 cerró en 23-24%, muy por encima de la meta de 17% que había puesto el Gobierno. Naturalmente, luego de estas cifras, la meta de entre 8% y 12% de inflación para el 2018 quedó un poco lejos, siendo que en el mejor de los casos, el BCRA tenía que lograr que la inflación se redujera a la mitad. Esta podría ser una buena razón para adecuar la meta de inflación hacia algo más probable. Sobre todo, porque las expectativas del mercado ponían a la inflación de 2018 un poco por encima de 16%. Sin embargo, tras el anuncio del cambio de meta hubo más confusión que antes, porque el Gobierno dejó traslucir que en realidad se trataba de un cambio de rumbo hacia una política monetaria más permisiva. Pero lo cierto es que por ahora se trata de una interpretación. Este martes, el Banco Central establecerá cuál es la tasa de interés de la política monetaria y ello (podría) echar un poco de luz sobre las intenciones oficiales, aunque es probable que persistan las dudas sobre el programa anti-inflacionario.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Antes del anuncio del 28 de diciembre, las cosas estaban así: la inflación esperada para el 2017 estaba en 23,5% y la del 2018 estaba 16,6%, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), con una tasa de interés de política monetaria de 28,75% y una meta de inflación máxima de 12% para el 2018. O sea, hasta el anuncio, la inflación esperada superaba a la vieja meta y también a la nueva. De esta manera, es bastante razonable pensar que si este martes se baja la tasa de interés las expectativas de inflación subirían más, alejándose de la nueva meta del 15%
El Gobierno dio varias señales de que este martes bajará la tasa. En primer lugar, durante la conferencia de prensa el Presidente del Banco Central dijo que "... el cambio de la meta que se planteó, permite recalibrar esa política monetaria porque ahora tiene que estar orientada hacia una meta del 15% en lugar del 10%". En segundo lugar, las tasas de las Lebac cortas (a 30 días o menos) bajaron en el mercado secundario 175 basis points y la tasa Call interbancaria cayó 185 bps. O sea, el Banco Central dejó que las tasas de interés más cortas se desarbitraran con el de la política monetaria y eso solo puede darse si esta entidad no está tomando dinero.
Sin anunciarlo oficialmente, el BCRA parecería estar preparándose para bajar la tasa de interés aun sabiendo que las expectativas de inflación de los analistas podrían aumentar. Eso revela un serio descalce entre lo que piensa el Banco Central y el mercado y sus analistas.
La interpretación que los analistas dan al accionar del Gobierno, es que éste se está olvidando de la inflación, dado que no podrá alcanzar la meta de inflación ni la nueva ni la vieja y que el cambio de la meta es simplemente una excusa para bajar la tasa de interés, expandir el crédito y permitir que el tipo de cambio corrija algo del atraso que tiene. O sea, que el Gobierno está poniendo la inflación en segundo orden, para intentar estimular el crecimiento económico. Pero lo cierto es que una baja en la tasa de interés puede hacer subir las expectativas inflacionarias pero difícilmente afecte demasiado las proyecciones del PIB..
La segunda interpretación es la que explicitó el Presidente del Banco Central en la conferencia de prensa. Esto es, la inflación núcleo realmente hoy está más cerca del 18% anual y la tasa de interés de 28,75% iba a llevar a la inflación al 10%-12% a fin de año. Con lo cual, si bien se corrige la meta para no presionar dañar tanto la actividad económica, la inflación continúa siendo una prioridad y se puede reducir la tasa de interés porque no estamos tan lejos de la nueva meta de 2018.
Bajar la tasa de interés, sería una medida arriesgada para el BCRA. En primer lugar, porque estaría tratando de imponer una visión de la inflación que no tiene consenso en el mercado (de acuerdo al REM). En segundo lugar, si bien el BCRA tiene aún credibilidad, está un poco golpeada. En tercer lugar, se está aplicando una sucesión de recomposiciones en los precios de servicios públicos y aún no se han llevado a cabo las paritarias y todo ello puede alterar significativamente la trayectoria de la inflación para la primera mitad de 2018. Por ello bajar la tasa puede provocar que la inflación suba vía aumentos de las expectativas y que no se observen los beneficios en materia de crecimiento y tipo de cambio que se esperan tener.
Dejá tu comentario