El presidente radicaliza su mensaje a una semana de las elecciones de medio término, en la que el Partido Republicano se ve desfavorecido en sondeos.
Washington - No son solo 800, sino 5.000 los soldados que Estados Unidos enviará a la frontera con México, de acuerdo al Wall Street Journal. La cifra es enorme, de campo de batalla: las fuerzas en tierra, aun cuando sean solo de auxilio a la guardia fronteriza, serían más numerosas de las actualmente desplegadas en Siria y en Irak, y cerca de la mitad de aquellas en Afganistán.
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"Esta es una invasión de nuestro país y nuestro ejército los está esperando", tuiteó Trump. El magnate además insistió, sin pruebas, que "muchos miembros de bandas y muchas personas malas están mezcladas en la caravana", invitando a los migrantes a volver sobre sus pasos. Ellos, dijo el presidente, no serán admitidos en Estados Unidos "sin un proceso legal".
Trump eligió entonces insistir en el miedo vinculado a la migración alzando el tono. El objetivo es ganar la escena después que los paquetes bomba enviados a varios de sus críticos y la matanza en la sinagoga de Pittsburgh oscurecieron su mensaje electoral con vistas a las elecciones de medio tiempo del 6 de noviembre, poniéndolo bajo acusación por su retórica incendiaria.
Trump volvió a defenderse de esta acusación vía Twitter: "Hay una gran rabia en nuestro país causada en parte por las informaciones falsas, deshonestas, de los medios. Las Fake News, el verdadero enemigo del pueblo, deben cesar con la hostilidad abierta y evidente y reportar las noticias de modo justo", apuntó.
El presidente se encogió de hombros ante el hecho de que el acusado de enviar los paquetes explosivos se hizo cargo de sus objetivos y que el sospechoso de los disparos en la sinagoga estaba armado por el deseo no solo de matar a los judíos sino también de darle una lección en la Sociedad de Ayuda para Inmigrantes Judíos, a la cual "le gusta traer invasores para matar a nuestra gente". Pero la comunidad judía de Pittsburgh está dividida sobre la visita de Trump de hoy y si el rabino Jeffrey Myers debería darle la bienvenida. Por ejemplo, la expresidenta de la sinagoga, Lynnette Lederman, se niega a dar la bienvenida a un "promotor de discursos de odio". Trump, sin embargo, se endereza y multiplica sus esfuerzos para atraer a los republicanos con al menos otros 10 discursos.
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