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Hamás no deja fumar pipa a las mujeres
Así, Hamás, una organización responsable de infinidad de atentados terroristas contra Israel, vuelve a mostrar una cara arrasadora de derechos civiles de las mujeres, que suele ser poco tenida en cuenta por quienes dicen considerar a ese movimiento como una organización de resistencia de la ocupación o del bloqueo.
El vocero del Gobierno, Taher a-Nunu, defendió la prohibición al explicar que se trata de una medida que no está destinada a «islamizar» Gaza, sino a «restaurar la tradición». A su entender, «para una mujer palestina es una vergüenza que la vean fumando shisha (pipa de agua en árabe) en público».
Según denunció el líder del sindicato de hostelería y restoranes en Gaza, Salah Abu Hasira, a los propietarios de hoteles, restoranes y cafeterías se los obligó a firmar un documento en el que se comprometen a no ofrecer el servicio a mujeres y menores de 16 años.
El consumo de narguile, una pipa de agua que contiene tabaco de distintos sabores, también conocida como sisha, es muy popular en el mundo árabe.
Retroceso
Para la organización de derechos humanos con sede en la ciudad de Gaza, Al Damir, el nuevo reglamento supone una violación de las libertades individuales y contraviene la legislación palestina. En todo caso, uno más desde que Hamás se impuso por vía electoral en 2006 y, luego, militar en Gaza, que ha significado un severo retroceso en cuanto a igualdad de géneros, derecho tan defendido por partidos u organizaciones europeas o incluso argentinas, pero que a la vez suelen tener una mirada sesgada hacia la realidad de Medio Oriente.
En los últimos años, el grupo islamista impuso el uso obligatorio del hiyab (pañuelo islámico), además de vestidos hasta los pies en centros educativos, mientras las abogadas deben comparecer con esa vestimenta en sus exposiciones.
En la franja mediterránea también está prohibido que hombres y mujeres estén juntos en un lugar público a no ser que puedan demostrar que son familiares, así como en playas, y no pueden andar en motocicleta ni siquiera cónyuges.
Paralelamente, se incrementaron los ataques contra restoranes, farmacias, peluquerías e incluso instituciones regenteadas por organismos internacionales, como un campamento de verano financiado por la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA), incendiado recientemente. Gran parte de estas acciones no son asumidas por ninguna facción o grupo y quedan impunes, aunque analistas locales sospechan de que podría tratarse de extremistas islámicos.
Agencias EFE y AFP


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