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Hay que apelar ahora al FMI (para eso está)

Si salir de esta situación crítica no está en las manos del sistema judicial norteamericano ni en la acción descentralizada del mercado, entonces resulta obvio que va a necesitarse un cambio de estrategia que involucre a los organismos multilaterales. ¿Por qué los multilaterales y en especial el FMI? Porque la Argentina está lidiando con un gran problema sistémico, que es algo que está muy bien reconocido en círculos académicos y políticos del hemisferio norte. Varias de estas preocupaciones son lágrimas de cocodrilo, como algunas de las que tuvo que presenciar la delegación oficial argentina invitada a ir a EE.UU. en vísperas de la decisión de la Corte Suprema. Pero la gran mayoría surgen de una preocupación genuina de enfrentar un problema global. Una de ellas viene nada menos que del FMI que, de este modo, ha retomado su opinión de que el sistema de resolución de deudas soberanas en default tiene problemas serios.
El hecho de que estemos frente a un problema sistémico implica que hay razones para esperar que éste deba resolverse más allá de la Argentina o más bien auxiliando a la Argentina. Para eso justamente está el FMI. Hoy la solución requeriría que el FMI otorgara a partir de enero de 2015 un préstamo puente a muy largo plazo a través de un mecanismo de deuda concesional que en términos de plazos y tasas significara que la Argentina termina pagando a los buitres lo mismo que a los bonistas que aceptaron los canjes. De este modo se intervendría frente a un problema sistémico financiando los costos de la interpretación de pari passu de la Justicia de EE.UU. La deuda con los holdouts es un monto que el FMI puede manejar perfectamente, sobre todo para un país como la Argentina, que no es deudor sino acreedor (por el uso de su cuota) del FMI.
Esta operación podría llevarse a cabo en pocas semanas. Significaría un doble logro para el FMI. Por un lado, actuaría activamente en resolver un problema global. Se usarían fondos públicos internacionales para lidiar con un problema global, lo que pondría presión para que emerja una solución institucional definitiva. Por otro lado, la operación establecería un puente de plata para que la Argentina reingrese a la órbita de los mercados. Sería, además, la gran oportunidad del FMI de rehabilitarse después del error de abandonar a la Argentina en 2001. Este préstamo puente, que debería ser votado en el Congreso, no implicaría endeudamiento adicional a largo plazo y vendría acompañado por la aceptación de una misión del FMI destinada a reencauzar la macroeconomía de cara a la transición política.
Dicho todo lo anterior vayamos ahora a la realidad política, que enfrenta tantos o más costos de transacción que los que existen en los mercados. Si esta operación lógica no se puede llevar fácilmente a cabo se debe a la incompetencia perfecta de los sistemas políticos tanto en el Norte como en el Sur. De un lado, y como estos recursos del FMI salen de fondos públicos -aunque la Argentina los repague a muy largo plazo- los gobiernos del G7 sufren presión-con mucho más vigor después de la crisis financiera de 2008- para evitar que se use dinero público para financiar al sistema financiero y mucho menos a los buitres. ¡Pero no tienen ningún problema que esos fondos vengan de un país en desarrollo!. Del otro lado estamos nosotros y nuestro fragmentado sistema político que tenemos que superar porque esta vuelta nos va a hacer mucho daño. Podemos hacerlo con una votación en el Congreso que provenga de una negociación política, como nos han enseñado democracias como España, Grecia y Portugal. Sí, se puede. Está en manos del gobierno decidir si podemos hacerlo ahora mismo y preparar una salida en Enero de 2015 o atrincherarse y esperar a que una derrota electoral den el mandato para hacerlo, en otras peores condiciones, en Enero de 2016. Pero me parece que va a resultar inevitable que así sea.
* Economista jefe de FIEL


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