Periodista: Presidenta, llegando al Palacio da Alvorada (la residencia oficial de la jefa de Estado) es necesario pasar por una barrera policial. ¿Estamos visitando a una presidenta o a una prisionera en jaula de oro?
Dilma Rousseff: No me siento prisionera. Mantengo mi derecho de entrar y salir. Pero esa barrera es vergonzosa y ridícula.
P.: ¿Cuál es la finalidad?
D. R.: Me genera curiosidad: es una tontería tan grande que la explicación sería que enloquecieron. Pero como no enloquecieron, presumo que quieren saber quién me visita. Políticamente. ¿Para qué? Para saber sobre quién deben ejercer presión.
P.: Una encuesta divulgada el miércoles reveló que la aprobación del presidente interino Michel Temer es muy baja. Ante eso, ¿cuál es su táctica?
D. R.: Mi articulación se basa en un ejercicio muy simple: el diálogo, el diálogo y el diálogo. No hay otro ejercicio que hacer además de la persuasión de que existe un golpe en curso. Y que no se trata sólo de un golpe contra mi mandato, sino que compromete toda la institucionalidad brasileña. Nadie da un golpe en relación a la presidenta de la República, que representa un contrato y tuvo 54 millones de votos, sin la tentación de romper otros contratos. La primera tentación de todos los golpes, sean militares o parlamentarios, es callar, silenciar. Callar la divergencia. Intentan prohibir hasta la palabra "golpe", la simple y mera expresión los incomoda. No en vano un grupo de parlamentarios nos emplazó para que dijéramos por qué el golpe es un golpe.
P.: Usted hablaba de un intento de callar la divergencia. ¿Hay riesgos de que este Gobierno provisorio se transforme en un régimen de fuerza?
D. R.: Ese riesgo existe. A los gobiernos ilegítimos no les gusta, por ejemplo, la cultura. Extinguir el Ministerio de Cultura, como hicieron, es alcanzar lo simbólico en un país que necesita afirmar su diversidad. Tenemos hoy un presidente interino que no tiene una pizca de legitimidad y todavía no puso los pies en la calle. La fuerza entonces puede ser el próximo paso.
P.: El Presidente es interino, pero hipotéticamente está legitimado por un proceso de "impeachment"...
D. R.: Tenemos un presidente interino que desmontó toda una estructura de gobierno. Él desmonta programas y políticas públicas con cero de legalidad y, así, claro que le es difícil ir a la calle. Él no tiene ninguna legitimidad. Lo que más sorprende a los corresponsales internacionales y emisarios de gobiernos extranjeros que nos visitan es el hecho de estar viviendo una situación única. Yo soy la presidenta electa, no dejé mi cargo. Ellos son interinos, provisorios y creen que pueden deshacer todo. Estoy segura de que se dará una modificación de esa ley. Sin eso, el presidencialismo en Brasil será una farsa. Hoy muchos hablan de parlamentarismo. Algunos, de semiparlamentarismo. Otros, de semipresidencialismo. Pero es necesario que se diga que parlamentarismo en Brasil significa hegemonía conservadora.
P.: De regresar al poder, ¿usted va a rever todo lo que el presidente interino hizo? ¿No hay nada que pueda ser aprovechado?
D. R.: Tendremos que rever, sin lugar a dudas. No existe hipótesis de dejar el Ministerio de Ciencia y Tecnología disuelto. Otros cambios que hicieron sólo tienen sentido dentro de su estrategia, pero no atienden el deseo de la población. Por ejemplo, cuándo sacan el Ministerio de la Seguridad Social y lo ponen debajo de Hacienda, eso expresa una visión del mundo. O retirarles derechos a los jubilados y a los trabajadores. Cuando ponen al INCRA (instituto que administra la reforma agraria) en la Casa Civil (jefatura de gabinete), eso también busca cortar derechos de los trabajadores rurales y acomodar intereses "fisiológicos". Nada de eso puede continuar. Sin hablar de lo que hicieron con las mujeres, negros, homosexuales, personas con deficiencias y todas las minorías. Las hicieron invisibles, lo que, para este Gobierno de hombles blancos, es una forma de silenciar.
Entrevista de Leonardo Attuch,
Tereza Cruvinel y Paulo Moreira Leite
| Agencia Brasil247 |


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