20 de agosto 2009 - 00:00

Hechos y responsables

En la tensa espera del fallo por Cromañón, familiares de las víctimas ataron las zapatillas que se han convertido en emblema de la tragedia a la oblea que señala el estacionamiento reservado a miembros de la Corte Suprema de Justicia.
En la tensa espera del fallo por Cromañón, familiares de las víctimas ataron las zapatillas que se han convertido en emblema de la tragedia a la oblea que señala el estacionamiento reservado a miembros de la Corte Suprema de Justicia.
En los fundamentos de la sentencia a los acusados en la investigación del caso Cromañón, un extenso escrito de 2.452 páginas, el Tribunal Oral describió hechos y responsabilidades que ayudan a entender la decisión. Brindamos aquí una síntesis:

  • El principal aporte de Omar Chabán era el lugar en el que se llevaría a cabo el recital; así, tenía a su cargo la decisión de cuándo se abrían las puertas y de la forma en que ingresaría el público, etc.; también era responsable de las condiciones de seguridad del lugar, en particular el estado en que se encontraban las vías de salida, los matafuegos, las condiciones legales para el funcionamiento de República Cromañón, y de la seguridad interna, la organización de las barras, el cuidado de los baños, etc. Asimismo, compartía con la banda la decisión acerca de la cantidad de entradas que se pondrían a la venta y el costo que tendrían y se encargaba de remover todo tipo de obstáculos para el funcionamiento del lugar -entre los que se hallaba el control policial-.

  • En cuanto a las ganancias, éstas eran repartidas entre los miembros del grupo Callejeros y Chabán del siguiente modo: el primero recibía el 70 por ciento, en tanto que el segundo se quedaba con el restante 30 por ciento. Para el desarrollo de su actividad, Omar Emir Chabán contaba con la colaboración de Raúl Alcides Villarreal, a quien muchos conocían como el «encargado del local».

  • Una vez iniciado el incendio estuvo marcado por una serie de factores que lo convirtieron en una trampa mortal que terminó con la vida de 193 concurrentes y produjo lesiones a otros 1.524. Esos factores fueron:

    -La cantidad de asistentes triplicaba el máximo permitido en la habilitación.

    -El local no estaba preparado ni autorizado para la realización de recitales.

    -El local no contaba con salidas de emergencia acordes con las exigencias normativas.

    -La mayoría de las puertas estaban cerradas con trabas, incluso la denominada salida de emergencia, que tenía un cartel luminoso que decía «salida» y que recién pudo ser abierta casi una hora después de comenzado el incendio.

    -Sólo funcionaba uno de los tres extractores de aire instalados en el local.

    -Instantes después de iniciado el incendio se cortó la luz.

    -Los materiales con que estaba revestido el techo del local provocaron una rapidísima propagación del fuego y generaron el humo tóxico.

  • Estos factores motivaron que los concurrentes se agolparan, empujaran y pisaran tratando de salir. Así se formaban verdaderas «pilas humanas» dentro del salón, especialmente cerca de las puertas de salida. Esas pilas, compuestas por personas que iban cayendo unas sobre otras, dificultaron aún más la salida del lugar y provocaron lesiones a muchos de los asistentes que lograron salir con vida. Y los que estaban más lejos de las salidas, en especial quienes al momento de desatarse el incendio estaban en los dos sectores para público existentes en el primer piso, no pudieron ni siquiera acercarse a las puertas, y fueron sacados del lugar por terceros en estado de inconsciencia, y en algunos casos ya sin vida. Con respecto a las salidas, de las seis puertas vaivén de doble hoja que separan el hall de ingreso en el sector de boleterías, cuatro se hallaban cerradas con pasadores metálicos y fueron abiertas minutos después que se iniciara el incendio a golpes y empujones.

  • La salida alternativa de emergencia, que se encontraba cerrada con candado y alambres, recién pudo ser abierta aproximadamente a las 23:30 -es decir, media hora después de iniciado el incendio- por personal de bomberos con la ayuda de particulares que colaboraron con el rescate de las víctimas. Esa puerta tenía encendido el cartel luminoso que decía «Salida», lo que hizo que la gente que estaba más cerca de esa abertura se dirigiera directamente hacia ella, funcionando así como una verdadera trampa mortal. El local contaba además con una puerta pequeña que comunicaba los camarines con el garaje del hotel y con otra puerta que conectaba el local con la recepción del hotel Central Park. Ambas puertas fueron utilizadas como medio de salida por personas que se encontraban cerca de ellas. Asimismo, en el sector vip ubicado en el primer piso, existía una puerta metálica que se encontraba cerrada. Esa puerta no pudo ser abierta ni siquiera por la fuerza, por lo que un miembro del cuerpo de bomberos efectuó un boquete en la pared -al lado de esa puerta- de aproximadamente medio metro de diámetro. Así, algunas personas pudieron salir por ese boquete, que daba a un pasillo ubicado en el primer piso del hotel.

  • Todos estos factores, el exceso de público, el hecho de que la puerta alternativa de emergencias estuviera clausurada -sin perjuicio del cartel lumínico que hacía presumir lo contrario- y que las puertas de salida se hallaban trabadas, la falta de ventilación, la falta de luz, entre otros, dificultaron notoriamente la evacuación, generando así un mayor tiempo de exposición a los gases tóxicos producidos por la combustión de los materiales que recubrían el techo del lugar. Esa exposición a los gases tóxicos provocó, a su vez, que gran cantidad de gente se desmayara y quedara tirada en el suelo, lo que además de impedirles salir por sus propios medios del lugar, ocasionó que, ante la falta de luz, se obstaculizara la salida de quienes no se hallaban desmayados.

  • La evacuación completa de las personas que se encontraban en el local recién pudo completarse aproximadamente a las 2:00 del día 31 de diciembre, es decir, más de tres horas después de iniciado el incendio. Otro factor que contribuyó para la producción de las muertes y las lesiones como consecuencia del incendio fue el hecho de que los matafuegos no estaban en condiciones de ser utilizados para su función específica. En efecto, de los 15 extinguidores manuales existentes en el local, diez de ellos se encontraban despresurizados y sólo cinco tenían carga.

  • República Cromañón funcionaba sin sujetarse a ninguno de los dos regímenes normativos, ya que además de no requerirse el permiso especial exigido por la normativa respectiva, se vendía alcohol, y además se permitía el ingreso de menores. El cambio de destino que implicó la realización de recitales de rock trajo consigo factores que, por las características del público seguidor de las bandas -propias de la cultura del rock-, incrementaron de manera determinante el riesgo que podría soportar el lugar en los términos de la habilitación.

  • Los funcionarios que tenían a su cargo el control del funcionamiento del local República Cromañón conocían la crítica situación existente en el área a través de diversas fuentes. Asimismo, esa situación fue expresamente reconocida por el ex jefe de Gobierno en noviembre de 2003, al disponer la disolución de la DGVyC y pasar al Registro de Empleados a 500 empleados del Gobierno de la Ciudad con el objetivo de combatir la corrupción que históricamente caracterizaba al área de contralor, en lo que él mismo llamó «el focazo de corrupción». Esta situación persistía al momento de los hechos, catorce meses después del llamado «focazo de corrupción», según lo reconoció el propio Gobierno en los fundamentos del decreto 1/GCABA/05.

  • Los encargados del local abonaban a los funcionarios de la Comisaría 7ma. de la PFA la suma de cien pesos ($ 100) por cada 500 personas que ingresaban al lugar en calidad de concurrentes. En suma, como consecuencia de la falta de controles que hubieran derivado en una inmediata clausura, el 30 de diciembre se realizó el recital de Callejeros en las condiciones que resultaron determinantes de la muerte de las 193 víctimas fatales y de las lesiones producidas a 1.524 personas. En ejercicio de las funciones propias del cargo que desempeñaba, Fabiana Fiszbin tenía la capacidad y el poder de decisión necesarios para evitar el suceso y el conocimiento del peligro concreto. Sin embargo, desoyendo todas las alertas que recibió desde que asumió el cargo de subsecretaria de Control Comunal, Fiszbin coadyuvó al mantenimiento de la estructura de corrupción que imperaba en el área a su cargo, permitiendo que la actividad inspectiva estuviera regida y condicionada por los intereses espurios de un grupo de funcionarios.

  • En lo que respecta a Omar Emir Chabán, es claro que tenía pleno conocimiento del empleo de pirotecnia en el local. En primer lugar, y en lo que atañe al control del evento, no caben dudas que Omar Emir Chabán estaba advertido de su ineficiencia.En una ocasión anterior al día 30 de diciembre, se dirigió a Fernando Horacio Zerpa para que extreme los recaudos por el ingreso de pirotecnia que se estaba produciendo. Asimismo, la noche del hecho advirtió que la orden no había surtido efecto. Ello surge del testimonio de Fabián Leggio, quien precisó que en el show de Ojos Locos «se detonó todo tipo de pirotecnia». Estando Chabán ubicado al lado de aquél en el mangrullo de sonido, necesariamente advirtió su efectivo empleo. Pero además, siguiendo el testimonio de Leggio, vemos que antes de comenzar a tocar Callejeros, la detonación de una candela ganó la atención de Omar Chabán, lo que demuestra que sabía que existía pirotecnia antes del inicio del recital del referido grupo. Tan así es que se dirigió al público dándole a entender que podría ocurrir lo que instantes después sucedió.
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