16 de abril 2014 - 00:00

Hito de la novela negra nacional

Hito de la novela negra nacional
Rubén Tizziani, "Noches sin lunas ni soles" (Bs.As., Punto de encuentro, 2014, 184 págs.)

La codicia, con su derivado, la envidia no han dejado de ser elementos centrales de todo relato criminal, de la esencia del delito, desde el arquetipo fundado por Caín que, como dijera Borges, sigue matando a Abel, aunque los nuevos Caín y Abel tengan otros nombres. La codicia, y su contraparte, la generosidad, la amistad altruista (hasta en el hampa, que en el pasado tenía sus códigos), son los fundamentos y han hecho permanente el interés de la admirada novela de Rubén Tizziani "Noches sin lunas ni soles", que publicada inicialmente en 1975, acaba de tener una afortunada nueva edición que la acerca a nuevos lectores.

La editorial donde se publicó por primera vez, Siglo XXI que dirigía entre otros Héctor Schmucler, dejó de publicar literatura, aunque dejó una huella también en ese género, por ejemplo con el libro de Tizziani, que fue uno de los que fundaron esa novela negra que surge en la década del 70 en Buenos Aires, y quiere ser heredera de la que tramaron

Dashiell Hammett, James Cain, Raymond Chandler, entre otros, en EE.UU. en la década del 30. Desde 1969, Ricardo Piglia venía dirigiendo una Serie Negra, que publicaba esos autores, para la editorial Tiempo Contemporáneo, obras que tuvieron inmediata influencia en un grupo de jóvenes escritores argentinos, entre ellos Osvaldo Soriano con "Triste, solitario y final".

El caso de Tizziani se destaca porque está entre los pocos cuyas novelas son llevadas al cine ("Noches sin lunas ni soles" fue dirigida por José Martínez Suárez) y si son llevadas al cine es porque tienen todos los ingredientes que atrapan a cualquier lector, a cualquier espectador. Están los códigos de la amistad, de la lealtad, que dotaba de cierta heroicidad hacía hasta queribles a ciertos delincuentes. Hay una sensibilidad viril con fondo de música de tango, de un tango de Piazzolla. Y hasta el amor surge de improviso para trastocar la historia, para desnudar pasiones que alimentan el peligro (en la película de Martínez Suárez hay un impactante desnudo de Luisina Brando), y que hacen que los que andan detrás del que huye confirmen que el clásico cherchez la femme una vez más es la clave. Todo parte del momento en que un tal Cairo (en el cine fue Alberto de Mendoza) "logra" escapar de la cárcel y busca escapar a Paraguay donde lo espera su mejor amigo, que está moribundo. Andan tras él sus antiguos compinches, y Maidana, es decir la policía (que encarnara Lautaro Murúa), para dar con los 60 millones escondidos en algún lugar. No es tiempo para flechazos pero aparece Ana, rubia seguidora y fiel, y allá van escapando de sus perseguidores, para que lector devore las páginas de una sentada conociendo un indudable hito de nuestra novela negra.

M.S.

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