30 de julio 2014 - 00:00

“Hoy faltan artistas como Pasolini que nos ayuden a pensar”

Pannone: “Berlusconi representó una fascinante mezcla de cinismo, ingenuidad, mente criminal, egocentrismo, generosidad, catolicismo propio de la Contrarreforma, convencido de estar haciendo el bien”.
Pannone: “Berlusconi representó una fascinante mezcla de cinismo, ingenuidad, mente criminal, egocentrismo, generosidad, catolicismo propio de la Contrarreforma, convencido de estar haciendo el bien”.
Alto, expansivo, Gianfranco Pannone fue la figura del 2° Festival Internacional de Cine Ambiental (Finca), que hoy termina. Bajo el brazo traía su último trabajo ambientado en Latina, "Escorias en libertad", con la curiosa historia de los dos reactores atómicos de su pueblo natal, la lucha por evitar que se pusieran nuevamente en marcha ("Berlusconi iba a ganar el referendum cuando de pronto estalló el desastre de Fukushima"), y los desechos radioactivos y farmacéuticos que allí se acumulan junto al segundo basurero más grande del Lazio, a pocos metros de un balneario popular. Lo curioso es que mucha gente acepta esto con total naturalidad. Charlamos con él.

Periodista: Cuéntenos de su pueblo, fundado por Benito Mussolini.

Gianfranco Pannone
: Latina es Italia con sus defectos al cubo. Una ciudad joven comparada con otras, pero que sufrió muchos errores en nombre del progreso. Yo empecé con mis amigos haciendo cortos de contrainformación sobre problemas de la ciudad. Luego filmé en muchos otros lados, pero le he dedicado varios documentales, como "Latina/ Littoria". En uno escuchamos a varios ancianos nostálgicos del fascismo, en otro vemos muy activo a un intendente fascista (amnistiado por sus crímenes) que encargó a un izquierdista el desarrollo de buenas ideas de urbanización, pero luego se dejó convencer sin mayor problema por las grandes empresas constructoras. Etcétera.

P.: Volviendo a "Escorias en libertad", ¿Latina simboliza la indiferencia de Italia frente a los problemas ambientales?

G.P.:
Afortunadamente, no. No del todo. Una parte de la mayoría silenciosa se está interesando otra vez en los problemas nacionales. Por ejemplo, ahora mismo hay una importante batalla contra la privatización del agua. El problema es que en una época el país creció tan de prisa que tres generaciones seguidas no llegaron a madurar. Nuestra precariedad histórica hizo que muchos llegaran al bienestar pensando sólo en sí mismos. Figuras como Enrico Berlinger y Sandro Pertini reaccionaron contra ese egoísmo mezquino. Hubo grandes movimientos cuestionadores. Mas luego, con veinte años de berlusconismo, mucha gente ha perdido la conciencia crítica. Prefiere cerrar los ojos a cambio de más comodidades. Hoy muchos italianos olvidaron qué es Italia, no saben mirarse al espejo, gozar siquiera de su riqueza cultural ni espiritual, de su magnífica locura y su vitalísimo desorden. Le dicen "país fallido", y es un país extraordinario. Ni sabemos decirle al mundo que estamos vivos.

P.: ¿Todo culpa de Berlusconi?

G.P.:
Berlusconi es una máscara trágica, pirandelliana, magnífica, una máscara de cera que se volvió víctima de sí misma, de su miedo a envejecer. Cuando los italianos se ríen mucho no hay que fiarse. Pero en un momento, cuando la izquierda no supo soñar y perdió el camino de la utopía, él representó un sueño. Después se vio que era un sueño de cartón pintado, algo así como el epílogo demagógico del viejo boom económico. Ahora es muy fácil criticarlo, pero por alguna razón lo votaron. El representó una fascinante mezcla de cinismo, ingenuidad, mente criminal, egocentrismo, generosidad, catolicismo propio de la Contrarreforma, convencido de estar haciendo el bien. Pienso que él creyó sinceramente que así había que hacer las cosas. Contaminó todo, hasta la izquierda se dejó engañar, bajó los brazos, pensó que, inevitablemente, no había cambio posible. Pero de toda tragedia, siempre espero que se despierte una conciencia.

P.: ¿Cómo surgió Mussolini?

G.P.:
Italia no estaba lista para ser un país democrático. Con el 80 por ciento de analfabetismo y muy retardada la etapa industrial, los súbditos no se hicieron ciudadanos, eligieron seguir siendo súbditos a cambio de seguridad, comodidades y una figura paterna que los protegiera. No veo sólo la parte negativa de esa época, pero hay cosas que fuera de Italia no se comprenden tan fácilmente. Para muchos, Mussolini era como un padre. Berlusconi más bien era como un papá bambino, inmaduro, o mejor aún como un tío divertido que te cae con lindos regalos y cuando necesitás que se haga cargo de algo no aparece. Hay algo berlusconiano en cada uno de nosotros, pero es difícil admitirlo.

P.: Ultima pregunta: cuéntenos sobre su único film de ficción y su acercamiento al western-spaghetti.

G.P.:
En "Io che amo solo te", un arquitecto de izquierda decide adherir a un proyecto de especulación edilicia, y pierde su posición, los afectos, el respeto de los demás. "L' America a Roma", en cambio, es una mirada sobre el spaghetti-western como metáfora de Italia, las fantasías que despertó, los escenarios ahora abandonados, y la historia algo patética de los stuntmen y los actores de reparto que disfrutaron aquel tiempo. A conocerlos me ayudó mucho Guglielmo Spoletini, en arte William Bogart, o William Spolt. En uno de esos films, "Requiescant", aparecía incluso el poeta Pier Paolo Pasolini, encarnando a un cura defensor de los pobres. Hoy faltan artistas e intelectuales como Pasolini, que nos ayudaban a pensar.

Entrevista de Paraná Sendrós

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