Periodista: ¿De cuándo data su interés por la obra de Foucault?
Hugo Echarri: Siempre me atrajo su filosofía. Sin duda es uno de los pensadores más profundos en reflexionar sobre la microfísica del poder. Son apasionantes los caminos de su teoría en torno al tratamiento del cuerpo como sujeto pasible de vigilancia y castigo por parte de los poderes públicos. Para ello, ha recurrido al estudio de expedientes originales, desde el punto de vista sociológico y filosófico. Hay un expediente en particular, de la Francia del siglo XVII, por ejemplo, donde constan los atenazamientos, el aceite caliente y, desde luego, el sistema de prisión con que el poder de entonces controlaba lo social.
P.: El hombre lobo del hombre, como decían los latinos.
H.E.: Y eso, desgraciadamente, ha cobrado en los últimos tiempos una escalofriante vigencia.
P.: ¿A cuál de los tantos rebrotes se refiere?
H.E.: El caso más visible es el del Estado Islámico. Esas fotos y videos de Isis que comenzaron a circular por los medios de comunicación, internet y las redes sociales, expuestos con la más brutal violencia gráfica, son un testimonio de ese castigo que estudió Foucault. Mi interpretación, desde luego, es libre. En la muestra he tomado elementos tanto abstractos como figurativos, cosas de Foucault y material de nuestros días. La memoria de las torturas policiales y de la dictadura que se vivieron en este país también tiene su peso. También es otra coincidencia que el inicio de nuestro propio infierno coincidiera casi exactamente con la aparición de "Vigilar y castigar", hace cuatro décadas.
P.: El éxito de una película como "Relatos salvajes" quizá también revela un síntoma de la violencia en lo social.
H.E.: Desde luego que sí. Yo pondría en paralelo esa película con esta muestra. Aquella se ocupaba de la violencia en la órbita de lo privado, y yo lo hago con la violencia pública, aquella que estudió Foucault. Pero sí, claro que tiene que ver. Cuando creíamos que entrábamos en la era del respeto por los derechos inalienables del hombre han retornado, súbitamente, las crucifixiones, las hogueras, las ejecuciones masivas, un repertorio de métodos de torturas viejas y nuevas, una nueva vigilancia constante, invasiva y tenebrosa por su sofisticación tecnológica.
P.: ¿Cómo se compone la muestra?
H.E.: Es una serie de pinturas al óleo de grandes dimensiones, otras son una combinación mixta de óleo y pastel, algo que hacía Bacon y que a mí me gusta mucho. Y también hay videos e instalaciones que hemos preparado con cuidado en torno del tema de la violencia y que en ciertos casos, eso lo advertimos, son extremadamente fuertes. De las cuatro videoinstalaciones, una en particular es muy fuerte. Hay imágenes, algunas muy poco vistas, como la de John Fitzgerald Kennedy en la morgue, otra de unos policías tucumanos torturando a un preso. Todo esto llevó más de un año y medio de preparación.
P.: ¿Cómo reacciona el público?
H.E.: Las reacciones son diversas, aunque nadie hasta ahora, mientras estuve yo presente, parecía negarse a ver. Ocurre que las imágenes de la violencia están instaladas en nuestra cultura de una forma más directa. Hasta en los noticieros de TV. Algunos pueden shockearse un poco, es verdad. Algo así pasaba con el Goya de sus dos series, los Desastres de la Guerra y la Serie Negra. No es algo que, desgraciadamente, sea ajeno a la historia de Occidente.
Hugo Echarri estudió con maestros como Helios Gagliardi, Bernardo Di Bruno y René Pietrantonio, pero se reivindica "como un artista autodidacta, que abreva en los viejos y nuevos maestros que admiro: Leonardo, Caravaggio, Turner, Van Gogh, Francis Bacon, entre los extranjeros, y Castagnino, Policastro, Raúl y Carlos Alonso, Guillermo Roux y Miguel Dávila entre los nuestros". La muestra, que se inauguró el pasado jueves 18 de junio, permanecerá abierta hasta el 20 de julio en el Centro Cultural Borges.
| Entrevista de M.Z. |


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