4 de agosto 2011 - 00:00

Hurtig, complicado por programa de TV

Un programa de Susana Giménez en el que estuvieron como invitados los familiares de María Marta García Belsunce fue exhibido ayer en el juicio por encubrimiento y quedó formalmente incorporado a la causa. Además otro de los médicos forenses que practicaron la autopsia de la víctima aseguró que recién confirmaron que a la víctima la habían asesinado a balazos cuando abrieron el cráneo y encontraron cinco proyectiles.

Se trata del médico legista Alejandro Flores, de la Policía Científica bonaerense, quien junto al forense Héctor Moreira -quien ya declaró en el juicio-, realizó la autopsia de la víctima el 2 de diciembre de 2002, es decir 34 días después del crimen.

El testigo fue aprovechado por el defensor de Guillermo Bártoli, Alejandro Novak, quien al momento de su interrogatorio le preguntó: «¿Cuándo se dieron cuenta de que las lesiones que presentaba en la cabeza eran provocadas por un arma de fuego?».

«Cuando abrimos la cabeza y la masa encefálica licuada por la putrefacción fue tamizada. Ahí quedaron los cinco proyectiles», respondió Flores.

Novak también le preguntó si en algún momento de la autopsia se pensó que las heridas punzoperforantes podrían haber sido provocadas por otro elemento, y Flores, sin mencionar las canillas de la bañera, contestó: «Era una posibilidad».

Para las defensas este testimonio es importante para demostrar que si un forense recién se dio cuenta del crimen a balazos cuando abrieron el cráneo y encontraron las balas, los familiares pudieron confundir las lesiones con un golpe contra la grifería.

Flores dejó claro -como ya lo hicieron otros peritos e investigadores-, que el problema de este caso es que no hubo relevamiento de la escena del crimen. «Esta autopsia no fue normal. Se hizo cuarenta días después del hecho. A nosotros nos faltó el alma de la autopsia que es el lugar del hecho».

Por su parte, el video presentado como prueba nueva se trata de un programa del 31 de mayo donde John Hurtig aseguró que usaron un revólver treinta y dos largo viejo. Esta frase quedará asi registrada en la audiencia para dejar entrever que el imputado sabía que el arma empleada era vieja.

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