30 de julio 2012 - 00:00

Imperdible primera muestra en el país del admirable Tinguely

La muestra «Soy Jean Tinguely reúne dibujos, coloridas y delicadas acuarelas, bocetos, films, cartas y esculturas mecánicas pertenecientes al museo que lleva su nombre en Suiza.
La muestra «Soy Jean Tinguely reúne dibujos, coloridas y delicadas acuarelas, bocetos, films, cartas y esculturas mecánicas pertenecientes al museo que lleva su nombre en Suiza.
Son muchos los nombres que, asociados a Jean Tinguely (Friburgo, Suiza, 1925-1991) conformaron esa pléyade de artistas referentes del arte cinético de la segunda mitad del siglo XX. Basta recordar los móviles de Marcel Duchamp, Alexander Calder, las pinturas en vidrio de Víctor Vasarely, Jaacov Agam, Pol Bury, Jesús Soto, Tinguely con sus máquinas de dibujar y «Auto Móvil», una obra que se movía alrededor de la sala que integraron la famosa exposición «Le mouvement» en la Galería Denise René de París, gran promotora de esta tendencia.

A principios de los 50, Tinguely comenzó a trabajar con construcciones espaciales de alambre de acero soldado, después pasó a construcciones móviles, a los Autómatas, obras impulsadas por un pequeño motor oculto hasta llegar a los «relieves sonoros»: un martillo golpeaba a intervalos regulares elementos tomados de la basura.

Hacia 1958 retoma contacto con Ives Klein a quien conoció en 1955 cuando una obra suya fue rechazada, que presentaba una galería vacía como obra de arte. Su idea era transformar el arte en un fenómeno espiritual, siendo la galería el lugar de la transformación. Ideas revolucionarias que intentaban lograr la «desmaterialización» del arte, teoría encarada por varios filósofos del siglo XX. Ambos artistas conformaron un dúo creativo, provocador, hacían exposiciones conjuntas, happenings, performances.

En 1958 Tinguely construyó la «Meta- Matic N° 17» para la Primera Bienal de París: impulsada por un pequeño motor a petróleo, un gran globo que se llenaba a partir de los gases expulsados por el motor, perfumaba el ambiente con esencia de flores expelida por un mecanismo especial.

Estas líneas sirven de breve introducción a un corpus de obra de «ideas geniales» que se interrumpe cuando muere Ives Klein en 1962 y que prepara para recorrer la primera muestra del artista suizo que se realiza en la Argentina.

En el Centro Cultural Borges «Soy Jean Tinguely», está compuesta por dibujos, coloridas y delicadas acuarelas, bocetos, cartas, films y esculturas mecánicas pertenecientes al Museo que lleva su nombre con el patrocinio de la embajada de suiza y empresas de esa nacionalidad. Bajo la curaduría de Virginia Fabry y Andrés Pardey, vicedirector del Museo Tinguely, la obra del artista se despliega como una conjunción entre la de Malevich, el dadaísmo y el nuevo realismo cuyo Primer Manifiesto fue creado en 1960 por Pierre Restany.

Los Nuevo Realistas pensaron que el sentido de la naturaleza estaba en lo tecnológico, lo industrial, la publicidad, lo urbano, de allí la apropiación de los productos masificados, el uso del hierro, la basura. Otro nombre fundamental asociado a su vida es Niki de Saint Phalle. A bordo del Queen Mary llegaron en 1960 a Nueva York donde Tinguely ya había realizado su «Homenaje a Nueva York», una máquina autodestructiva que se consumió en los jardines del MOMA.

Se casaron en 1971, realizaron grandes proyectos como «HON», una NANA gigante, voluptuosa y colorida a la que se entraba por la vagina, causa de muchas controversias, «Paraíso Fantástico» para la Feria Mundial de Montreal (1967), «Cíclope» (1970) y la famosa «Fuente Stravinsky» situada en la plaza anexa al Pompidou.

Otra obra autodestructiva fue realizada con Dalí: un toro desprendía fuego por las fosas nasales, explotaba en sus cuernos y genitales y derramaba sangre con el claro objetivo de señalar su postura frente a las corridas de toros.

Después de un severo ataque cardíaco en 1985 que lo tuvo en coma durante diez días se convirtió en un ser introvertido.

En 1988 se realizó una importante retrospectiva en el Pompidou en la que presentó una serie de esculturas dedicadas a los filósofos que había leído, entre ellos, Schopenhauer, Nietzche., Heidegger, Wittgenstein.

En el excelente catálogo editado especialmente, hay un capítulo dedicado a los años 90 que comienza con un pensamiento que alude a la lentitud de sus máquinas: «yo estoy envejeciendo, mis huesos ya no se mueven tan rápido como antes. Mis máquinas están entrando en esa fase».

En el último período construyó «El retablo de la abundancia occidental» y «El mercantilismo totalitario». Murió en agosto de 1991 y sus funerales que él mismo había organizado, fueron grandiosos, con música, misa y los gaiteros de Basilea. En esta ciudad se inauguró en 1996 el museo que lleva su nombre diseñado por el famoso arquitecto suizo Mario Botta y con la obra donada por Niki de Saint Phalle, fallecida en 2002.

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