29 de mayo 2013 - 00:00

“Inferno”: un Brown apocalíptico que ya no teoriza sobre religión

“Inferno”: un Brown apocalíptico que ya no teoriza sobre religión
Dan Brown, "Inferno" (Bs.As., Planeta, 2013, 554 págs.)

Robert Langdon aparece en un hospital de Florencia con un disparo en la cabeza. Está amnésico. Lo atiende Sienna Brooks, médica muy joven que fue una niña superdotada y una científica de renombre. Apenas recobra un poco la conciencia, a Langdon intentan nuevamente matarlo. Sólo le cabe huir en la moto que conduce la deslumbrante Sienna, y buscar saber por qué lo quieren matar.

Una vez más Dan Brown lleva a su profesor de simbología y arte religioso a Italia, como lo hiciera en sus dos más exitosas novelas de la saga Langdon, "Ángeles y demonios" y "El Código Da Vinci", que lleva más de 80 millones de ejemplares vendidos y ha sido traducido a 44 idiomas.

"Inferno" tiene todos los condimentos de un best seller del tipo shampoo: ritmo cinematográfico (al que se agrega visualizar al profesor Langdon con la figura de Tom Hanks), lectura fácil, entretenimiento constante, gadgets, enigmas, dibujos intrigantes, crucigramas y, en la técnica diferencial Dan Brown, recorridos turísticos y enriquecimientos a través de datos culturales y artísticos, reflexiones históricas y de la realidad más inmediata.

Pero ésta vez, a pesar de echar mano a la magna obra de Dante Alighieri, son contados los enigmas religiosos que busca develar. La "Divina Comedia" le sirve a Brown para descifrar una conspiración científica, cuyos códigos secretos se encuentran sin saberlo en manos de Langdon. Indica pero no bucea los arcanos místicos y la simbología oculta que hay en la obra de Dante, que fascinaban a Leopoldo Marechal, ni el interés de Borges por "las distintas interpretaciones de esa obra múltiple" (Borges que Brown no deja de citar). Alighieri sirve a Brown apenas para descifrar una confabulación científica, que en verdad es un complot unipersonal que cumple con la tradición del genio loco, que esta vez quiere salvar a la humanidad destruyéndola.

Y así como en tiempos de Dante la peste arrasó con Europa permitiendo un "renacimiento", ahora se trata de frenar una catástrofe humana que llevaría a la humanidad al infierno. En la página 254 Sienna Broks le explica Langdon que "Bertend Zobrist afirma que la raza humana está al borde de la extinción y que, a no ser que ocurra una catástrofe que reduzca de manera drástica la población mundial, nuestra especie no sobrevivirá otros cien años". Una nueva vuelta de tuerca sobre la catástrofe demográfica planteada por Malthus en el siglo XVIII, y el control poblacional, que ahora tendría una "solución" por una "peste" de esterilización virósica.

Quienes busquen al Dan Brown que enfrenta con el Opus Dei, la Masonería y los Illuminati, el que ofrece interpretaciones sorprendentes de hechos religiosos, se sentirán desencantados ante un Langdon demasiado profesor, demasiado didacta, demasiado darwinianamente científico, sólo la irrefrenable acción (por momentos irracional y disparatada) ameniza una buena serie de jornadas de lectura.

M.S.

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