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Inquieto, Mariotto se apura y junta “libre” de Scioli
Daniel Scioli, Gabriel Mariotto, Florencio Randazzo
Para esa aventura, Mariotto buscó un escenario que se instauró como una minimeca K: Necochea, donde el kirchnerismo, con un candidato de origen radical, derrotó no sólo al alfonsinismo al mando de la ciudad sino que fulminó al duhaldismo de Gerónimo «Momo» Venegas.
La cuestión espacial es un detalle estético que podría parir un sello de distinción: el grupo Necochea. Pero las novedades son otras dos: la premura de Mariotto por salir a juntar por su lado y la empatía que se expresará en el primer round con el randazzismo.
El vínculo del vice con Daniel Scioli jamás terminó de asentarse. Hasta antes de las elecciones, Mariotto advertía que el día después de asumir había que iniciar una cruzada «cultural» para alinear, ideológicamente, a la provincia con el modelo K.
Pero todo se precipitó. Hoy a las 11 en Necochea, en teoría con permiso y mandato de Olivos, Mariotto reunirá a un puñado de dirigentes del interior bonaerense: intendentes, legisladores y concejales, seleccionados con sigilo por un operador K.
La cumbre fue esponsoreada por Roberto Porcaro, que demostró sus influencias en el universo oficial al garantizar un desfile de ministros en Necochea para respaldar a su candidato: Horacio Telechea, uno de los pocos postulantes que estuvo mano a mano con Cristina de Kirchner.
· Mariotto se pondrá al frente de la cumbre, la primera masiva y pública, de lo que pretende convertirse en un núcleo ultra-K con pertenencias y guías predefinidas. Días atrás, el vice hizo un primer movimiento autónomo: se reunió con el intendente de La Plata, Pablo Bruera.
Fue una gambeta extraña. Bruera cargaba con la maldición de Olivos, pero recibió una amnistía de revisión diaria. Su cita con Mariotto detonó la interna platense, un núcleo donde aparecen Guido Carlotto y Julio Alak, que se perfilaban como socios del vice.
Pero Mariotto jugó una carambola cuyo destinatario fue más el gobernador que la vertiente, electoralmente minoritaria, del kirchnerismo platense. Bruera es un potencial socio de Scioli y Mariotto activó ese enlace para, al menos, neutralizar una futura alianza.
Este mediodía, en tanto, el vice mostrará otro ensamble: al encuentro en Necochea fueron invitados -y se comprometieron a concurrir- varios intendentes y legisladores electos que tributan, sin intermediarios, al ministro del Interior, Florencio Randazzo.
Tres ejemplos: Jorge Rodríguez Erneta, alcalde de Villa Gesell; Germán Cestona, intendente de Belgrano y diputado electo, primero en la lista por la Quinta Sección, y Alejandro Dichiara, intendente de Monte Hermoso y senador electo por la Sexta.
Esos referentes del randazzismo participarán, según se adelantó, de la reunión de Necochea que servirá como oficialización de una alianza -quizá efímera- de Mariotto y el espacio de Randazzo para operar a dúo en la provincia de Buenos Aires.
No es un dato cualquiera: refuerza la versión, negada con persistencia, de tensiones entre el vice bonaerense y su par nacional, Amado Boudou. Por lo pronto, ahora Mariotto hace un movimiento conjunto con Randazzo que tiene una interna germinal con Boudou.
Son pistas sueltas que sirven como mínimo, para indicar que no hay una estrategia única ni centralizada de las distintas tribus K: a la naciente empatía entre Mariotto y Randazzo se suma la avanzada de La Cámpora para quedarse con una firma esencial en Diputados y las pretensiones del boudouismo que tiene también su propio candidato para el bloque del FpV de la Cámara baja.
Lo de Randazzo, a quien en el kirchnerismo acusan de ser muy pro Scioli, tiene una lógica parecida: ayer, Cristina de Kirchner lo elogió en público, halago que se interpretó como, de mínima, una ratificación de que continuará en el gabinete quizá con un cargo más alto.
Está en juego, además, el ordenamiento del gabinete de Scioli que hizo algunos jaques sorpresivos aunque debe todavía resolver oficinas clave. Randazzo, arrimado a Mariotto, podría perder espacios que mantuvo en el esquema sciolista aun en los días más feroces de las relaciones entre el gobernador y la Casa Rosada.


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