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Insólitas gaffes del lenguaraz Berlusconi
Silvio Berlusconi ya tiene acostumbrados a los italianos a sus frases políticamente incorrectas. Aunque la prensa opositora suele criticarlas con dureza, su popularidad, por ahora, sólo ha registrado una leve merma.
La última ocurrencia del primer ministro, de 72 años, la pronunció el domingo con motivo de las violaciones que se han producido en Italia.
«Tendríamos que tener (en las calles) tantos soldados como tantas son las bellas mujeres italianas, creo que no lo lograríamos nunca», dijo en Sassari (Cerdeña), tras anunciar que aumentará a 30.000 los soldados que patrullarán por las principales ciudades. En noviembre, durante la cumbre bilateral Alemania-Italia, una comitiva alemana encabezada por la canciller Angela Merkel avanzaba con paso decidido al encuentro de Berlusconi, y él, envuelto en un abrigo oscuro, se escondió tras un enorme pedestal de una estatua.
«Il Cavaliere» se asomó cuando la comitiva ya había pasado y lanzó un sonoro «¡cu-cú!» que sorprendió e hizo retroceder a Merkel y exclamar: «¡Silvio!» para fundirse después con él en un fuerte abrazo.
Tampoco el presidente de EE.UU., Barack Obama, ha escapado de las burlas del italiano, quien recientemente lo describió desde Moscú como «joven, guapo y bronceado».
Berlusconi no consideró que debía pedir disculpas a los «políticamente correctos» e insistió: «Yo sólo dije que es inteligente, guapo y bronceado. No dije que es alto porque estaba con (Vladimir) Putin y (Dmitri) Medvédev, que son como yo», en referencia a las alturas del primer ministro y al presidente de Rusia, respectivamente.
Además de incidir en el «bronceado» del presidente mulato, de paso llamó bajitos a los dos líderes rusos.
En enero de 2007 enfureció a su mujer, Veronica Berlusconi, cuando en una gala de entrega de premios de televisión se dirigió a algunas de las mujeres presentes con frases como: «Si no estuviera ya casado, me esposaría con usted inmediatamente» o «contigo iría a cualquier parte».
Esposa
Tal fue el enojo de la esposa del primer ministro, entonces jefe de la oposición, que en un carta abierta en el diario La Repubblica lo instó a que pidiera disculpas.
«Il Cavaliere» se descolgó con una carta en la que achacaba sus ligerezas al estrés de su actividad que «abre espacio a las pequeñas irresponsabilidades de un carácter juguetón, autoirónico y a veces irreverente».
Verónica Berlusconi se sumó a la larga lista de ofendidos por su marido que incluían a la presidenta de Finlandia, Tarja Halonen, ante quien Berlusconi dijo públicamente que había hecho de playboy para lograr que la sede de la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria se estableciera en Italia.
La broma con la presidenta de Finlandia le costó una llamada al embajador italiano en el país nórdico.
En la lista de agravios se incluye también una queja formal de Pekín después de haber acusado al pueblo chino de «hervir a los niños» durante el comunismo; los insultos dirigidos a quienes no lo votan, a los que llamó «colloni» (boludos) y cuando en el Parlamento Europeo comparó al socialista alemán Martin Schulz con un jefe de los campos de concentración nazi.
Las anécdotas oficiales de Berlusconi son innumerables, pero de su vida privada sólo ha trascendido su afición nocturna a la composición de letras y música de inspiración napolitana que, de vez en cuando, interpreta con Mariano Apicella, con quien ha llegado a grabar dos discos, uno de ellos con el tema estrella «Tiempo de rumba». Tampoco con España el político italiano se ha quedado corto. Al último Gobierno del primer ministro español, José Luis Rodríguez Zapatero, lo calificó de «demasiado rosa», por la presencia de ministras, y se preguntó si era viable.
Agencia EFE


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