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Inteligente retrato de un amor inconfesable
Alejandra Darín (en el mejor papel de su carrera) es la pensadora judía Hannah Arendt, y Osmar Núñez, el filósofo acusado de filonazi Martin Heidegger, en la lograda pieza de Mario Diament «Un informe sobre la banalidad del amor».
Hoy la mayoría de los investigadores y estudiosos prefieren abordar la obra heideggeriana desde una perspectiva estrictamente filosófica y dejar de lado toda connotación política. Pero, esta disociación resulta insostenible cuando se aborda la fogosa correspondencia que el autor de «Ser y tiempo» mantuvo con Arendt durante medio siglo, aún después de que esta mujer inteligente y abiertamente comprometida con la causa judía se exiliara primero en Francia y más tarde en Estados Unidos para escapar de la persecución nazi.
Pese a sus diferencias ideológicas y al acendrado egoísmo de Heidegger, que siempre antepuso su carrera y la estabilidad de su hogar (nunca se separó de Elfriede, la madre de sus dos hijos), Arendt aceptó desde un principio su rol de amante clandestina y lo sostuvo, con sus variantes y oscilaciones, hasta el final de sus días.
La pieza de Mario Diament describe la intimidad de los amantes a través de cinco encuentros clave que tienen como trasfondo el ascenso, apogeo y caída del nazismo. El primero de ellos, muestra a una Hannah casi adolescente a la que su endiosado profesor seduce rápidamente a puro eros pedagógico. Mientras que en el último encuentro (febrero de 1950) vemos a un Heidegger ya muy desacreditado y al borde de la desesperación que le pide ayuda a su ex amante para recuperar su buen nombre. De más está decir que ella acepta.
Con un gran poder de síntesis y sin abundar en datos biográficos, el autor va delineando el perfil de sus personajes. La inclusión de un video con críticas y opiniones de un supuesto grupo de académicos, a cargo de Héctor Bidonde, Ingrid Pelicori, Marta Bianchi y Horacio Roca, le da un toque más pintoresco que
informativo a esta polémica historia de amor.
El director Manuel Iedvabni recreó con gran minuciosidad y delicadeza el surgimiento de esta pasión incontrolable en la que el alma femenina se debate heroicamente entre el sentimiento amoroso y el compromiso ético.
Osmar Núñez y, particularmente, Alejandra Darín (tal vez en el mejor papel de su carrera) brindan una actuación plena de matices que realza la humanidad de estos personajes y sus profundas contradicciones. Beneficio secundario: más de un espectador abandona la sala queriendo conocer la obra de ambos filósofos.


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