20 de agosto 2009 - 00:00

Interesante film sobre un experimento funesto

Aunque objetable en varios aspectos, tanto en detalles argumentales como en su estilo dramatúrgico, «La ola» pega fuerte, sobre todo al público joven cuyo lenguaje emplea.
Aunque objetable en varios aspectos, tanto en detalles argumentales como en su estilo dramatúrgico, «La ola» pega fuerte, sobre todo al público joven cuyo lenguaje emplea.
«La ola» (Die Welle, Alemania, 2008, habl. en alemán). Dir.: D. Gansel. Guión: D. Gansel, P. Thorwalth, T. Strasser. Int.: J. Vogel, M. Riemelt, J. Ulrich, J. Matschenz, F. Lau, M. Mauff, T.O. Schultz.

Dicen que el experimento pedagógico original tuvo lugar en una secundaria de Palo Santo, California, 1967. Para salir de la teoría y hacerles sentir algunas cosas en carne propia, el profesor de historia William Ron Jones organizó con sus alumnos un juego de roles, por el que unos chicos formaban un grupo compacto y dominante, y otros iban a sentirse ciudadanos de segunda, sin derecho siquiera a usar el baño más cercano y limpio, etcétera. Así entenderían eso del apartheid, y otras injusticias que la gente suele aprobar en la vida cotidiana.

El problema es que los alumnos se tomaron el juego en serio, sobre todo los que salieron beneficiados en el reparto, y el profesor tuvo que ponerse firme para hacerles entender bien lo que realmente quería que entendieran.

Después Jones escribió un libro sobre esto, otros docentes hicieron también la prueba en un par de escuelas, y en una cárcel, alguien escribió una novela, y otros que nunca faltan, dijeron que era todo un invento. Según ellos, los adolescentes no son tan sugestionables, ni el espíritu de cuerpo funciona de esa forma.

Como sea, el director Dennis Gansel ha hecho una película ambientada en un colegio actual de Alemania, con un profesor de gimnasia que organiza un juego para enseñarles a los chicos de qué modo tan fácil los ciudadanos pueden simpatizar con una dictadura de cualquier signo, apenas ésta les de un sentido de pertenencia, orgullo de grupo, y energía. La experiencia los atrae, les entusiasma, pero el profesor no tiene suficiente cabeza como para hacerles analizar debidamente lo que están viviendo (quizá porque sus gustos rockeros y anárquicos han relajado su propio sentido de análisis y autodisciplina). En suma, el juego resulta muy ilustrativo, pero también demasiado persuasivo.

Uno u otro chico encuentra la solución a sus carencias en ese juego con apariencia de realidad, y entre todos se entusiasman más de lo pensado, si es que el profesor realmente pensó el alcance de su experimento. Cuando al fin quiere detenerlo, pasa lo mismo que cuando se detiene bruscamente un motor delicado que está andando a la máxima potencia.

La verdad, pueden objetarse varios aspectos de esta película, tanto en detalles argumentales como en su estilo dramatúrgico, hecho con cierto facilismo de estereotipos. Pero llega, sobre todo al público joven, cuyo lenguaje emplea. Obliga a pensar. Y pega fuerte. Se siente esa ola que empuja a todos en una dirección, contra cuya corriente es difícil nadar. Se ve lo lindo que es dejarse llevar por ella. Y, cuando el líder que impulsa la marea descubre sus flaquezas (y las descubre mal), se advierte el drama último, se ven los restos de un naufragio inesperado, que tiene costos altos. Pasa también en la vida real, incluso en democracia. Película digna de conversar en las escuelas.

Dejá tu comentario