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Interminable

El 9 de Boca había tenido una gran actuación el fin de semana pasado en Bahía Blanca, marcando un gol y vistiéndose de asistidor en dos oportunidades. Anoche, en la Bombonera, Martín volvió a jugar el juego que mejor juega y que más le gusta: marcar goles, y ante Colón parece no tener piedad. Llegó a catorce (dos de ellos con Estudiantes) ante los Sabaleros, incluyendo aquel con los ligamentos de su rodilla destrozados de noviembre de 2000. Eso es Palermo, una mezcla exacta de capacidad goleadora y mentalidad ganadora sin igual, al punto que en el instante en que le pusieron un micrófono delante, luego de los tres goles de ayer, soltó con sinceridad absoluta que se lamentaba por el penal que erró cuando el partido iba 2 a 1.
Hubo un partido en el que Boca fue más que Colón. Sin Fuertes, lo de Larrivey y compañía en la ofensiva parece poco, casi al borde de la intrascendencia. La gran labor de Battaglia en el centro de la cancha y el regreso al mejor nivel de Clemente Rodríguez fueron motivos suficientes para saber que Boca viene creciendo.
Dos triunfos consecutivos dan confianza y, con Palermo encendido, más.

