Israel busca en Brasil torcer la postura regional propalestina

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Con dos cuestiones, Brasil irrita hoy a Israel: su lobby en favor del ingreso de Palestina a la ONU y su tibieza en la condena al régimen sirio del presidente Bashar al Asad mientras al mismo tiempo promueve una salida diplomática a esa crisis.

Tanto habría metido sus narices -o el dedo en la llaga- que la próxima semana llega a Brasilia el viceprimer ministro israelí, Moshe Yaalon, quien ya manifestó que el Gobierno de Dilma Rousseff apoya estas cuestiones «porque no entiende la naturaleza del conflicto».

No es la primera vez que Brasil busca exportar mediaciones: en la última presidencia de Lula se quiso intervenir en el conflicto palestino-israelí y se dio un aval a Irán ante la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA) sobre su desarrollo nuclear secreto. En el primero, Brasil pudo meter escasa baza; en el segundo, se sobreexpuso y tuvo que recular.

Aun con estos sapos tragados por Brasilia (en otros pozos lejanos), la venida del vicepremier Yaalon -del derechista partido Likud, exjefe de Inteligencia militar además de actual ministro de Asuntos Estratégicos- implica la devolución de Tel Aviv frente a dos reuniones previas entre la cúpula dilmista con palestinos primero, con sirios después.

La primera fue la del expresidente Lula con Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina, a fines de junio en Guinea Ecuatorial, durante la cumbre de la Unión Africana. El exmandatario, «enviado especial» de Dilma, le comunicó a Abás que Brasil trabajaba en sumar apoyos para que en septiembre, durante la Asamblea General de la ONU, Palestina ingrese como miembro número 194.

«Brasil quiere ayudar a crear un hecho político que empuje a israelíes y palestinos a una negociación directa», dijo después Marco Aurelio García, asesor especial de la presidencia.

Brasilia tuvo, a su vez, una visita siria el 20 de julio: la del vicecanciller Faysal Mikdad. Luego de reunirse con el canciller Antonio Patriota, el Gobierno sirio difundió que «el ministro Patriota expresó cómo su país aprecia las reformas del presidente Asad, indicando que el diálogo político es la mejor forma para resolver el problema». Aunque dentro y fuera de Brasil se dice que la iniciativa «fue aprovechada por Damasco para mostrar que cuenta con algún apoyo internacional», fue una respuesta del Gobierno de Dilma, demorada desde junio, ante los reclamos de Washington, París y Londres por no condenar la violencia de Asad.

«Reafirmamos la inaceptabilidad del elevado número de muertos y heridos en violencia», dijo Patriota hace pocos días en una entrevista a O Estado. Después de cinco meses de protestas, organismos sirios de derechos humanos estiman en miles los muertos. Esto buscó demostrar que el Gobierno de Dilma cumplía con la promesa de priorizar la cuestión de derechos humanos (luego de soslayarlos en la relación con Irán durante los años de Lula). Pero el canciller también agregó que pese a «la inaceptable escalada de violencia, el Gobierno sirio demuestra disposición a promover un diálogo nacional, a soltar presos y a avanzar en reformas».

Esa naïvieté se apoya también en que Brasil cuenta con la colectividad (sirio-libanesa) más grande de América, con 8,5 millones de descendientes. Algo que el mismo Patriota puntualizó: «Las alternativas al Gobierno de Asad pueden ser más problemáticas en relación con las minorías (alauita y cristiana); la mayoría de los que tienen doble nacionalidad brasileño-siria son cristianos: por eso es una preocupación brasileña».

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