5 de mayo 2010 - 00:00

Jane Austen, curioso best seller posmoderno

Jane Austen (novelista inglesa fallecida a principos del siglo XIX) es la segunda autora más consultada por el público de la Feria del Libro.
Jane Austen (novelista inglesa fallecida a principos del siglo XIX) es la segunda autora más consultada por el público de la Feria del Libro.
La Feria del Libro de este año informó que Jane Austen es la segunda autora más consultada por el público en los stands, al menos hasta la mitad de la exposición. El primero fue Eduardo Galeano, escritor, periodista, amante del fútbol y autor de obras clásicas del latinoamericanismo como «Las venas abiertas de América Latina». Es comprensible que Galeano sea buscado por el público argentino, ya sea porque escribe libros que se pueden leer en el tren y el colectivo o porque en este momento leerlo es «corrección política».

¿Pero cómo se explica que la segunda autora de la lista sea una novelista inglesa muerta a principios del siglo XIX? La obra de Austen es limitada y alejada en el tiempo: escribió siete novelas entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. La primera y más querida de ellas es «Orgullo y prejuicio», que la autora publicó en un principio bajo un seudónimo. No es para menos: Austen era una mujer de clase media alta rural, que dedicó su vida a cuidar a sus sobrinos y escribir sus obras en el comedor de la casa de su hermano, primero para entretener a sus conocidos y, eventualmente, para publicar.

Sus novelas, además, abarcan un mundo reducido y tramas contenidas: son «novelas domésticas», narraciones supuestamente destinadas a las mujeres cuyo eje narrativo es el matrimonio. Eso es lo que odiaban las hermanas Brontë de Austen pero, justamente, ese mundo fue el que la convirtió en una de las novelistas inglesas más importantes del siglo XIX: nadie como ella cuenta las miserias y verdades que circulan en ese ambiente, los problemas económicos y las barreras sociales.

Jane Austen casi siempre fue reconocida por el mundo de la crítica literaria; desde Virginia Woolf a Harold Bloom la consideraron una autora esencial en la literatura inglesa (con excepción de Mark Twain quien, como recordaba Borges, sostuvo que «una buena biblioteca se inicia omitiendo los libros de Jane Austen»); sin embargo, en los últimos años se produjo un fenómeno insospechado: esa escritora de «novelitas» domésticas se convirtió en un objeto de atracción de los medios masivos, que no dejan de adaptarla y escribir sobre ella. No es una fascinación por las películas de época; Austen se filtra en las historias modernas, como pasó con la novela «Emma», que en 1995 sirvió de base para la película adolescente «Ni idea», o con «Orgullo y prejuicio», que sirvió de base al blockbuster «El diario de Bridget Jones» (2001), lo que se remarca a partir del nombre del personaje de Colin Firth, Darcy, el mismo que el del protagonista de la novela.

Austen hasta tiene sus propias adaptaciones en la industria de Bollywood: en 2000 se estrenó «Kandukondaim Kandukondaim» (basada en «Sensatez y sentimientos») y en 2004, «Bride and Prejudice», que se puede conseguir fácilmente en la Argentina.

En esta lista no se pueden olvidar tampoco las adaptaciones más clásicas de la autora como «Sensatez y sentimientos» (1995), dirigida por el genial Ang Lee y adaptada por Emma Thompson, «Emma» (1996), de Douglas McGrass, y la última versión fílmica de «Orgullo y prejuicio» (2005) de Joe Wright.

Sin duda que el afán de adaptación del cine y de la televisión por la autora inglesa explica en parte por qué son tan buscadas sus novelas en la Feria del Libro; desde el clasicismo, Austen le gana a los Dan Brown del momento. Sí, rompen records en las listas de best-sellers, ¿pero quién se va a acordar de ellos en 200 años? Lo más llamativo es que las novelas de la inglesa hicieron el camino contrario al que en general hacen los clásicos: en vez de convertirse con el tiempo en una lectura de «élite», se impusieron como soporte narrativo de la cultura masiva. Una posible respuesta a esta fascinación posmoderna: Austen no pretende negar ni evitar las convenciones -ni literarias ni sociales- de su tiempo, por el contrario, se apoya ellas para contar historias en las que la ironía siempre plantea la distancia crítica y la lucidez respecto del mundo que la rodea. Y la ironía es una de esas cualidades que, por más que pasen los años, nunca pasa de moda.

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