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Javier Daulte: el revés de la trama de un cuento cruel
Daulte: «Me interesó indagar escénicamente la idea de Perrault en una obra realista y bien contemporánea».
Su nuevo desafío se titula «Caperucita» y está inspirado en el famoso cuento de Perrault, al que Daulte transformó en una historia de amor loco protagonizada por Valeria Bertuccelli, Héctor Díaz, Alejandra Flechner, como la madre de la protagonista, y Verónica Llinás, en el papel de la abuela. La obra se estrenará el próximo miércoles en el Multiteatro. «Por favor» -ruega el director- «aclare que es para adultos, porque en algún lugar se dijo que éste era un espectáculo para niños».
Periodista: ¿Y qué tomó del cuento de Caperucita?
Javier Daulte: Algo que hasta ahora nadie había señalado: si la abuela está tan enferma, ¿por qué la madre de Caperucita envía a su hija para que la atienda, en lugar de ir ella? Entonces pensé: ¡Qué fuerte tiene que ser la negación de esta mujer ante la posible muerte de su madre para mandar a su hija a un sitio tan peligroso. Mi hipótesis es que Cora, la madre, no soporta que su propia madre esté a punto de morir, porque para esa es una muerte intramitable. A esto se suma que Cora no soporta tener 40 años y ya no ser deseada por los hombres como a los 20.
P.: ¿La hija qué problemas tiene?
J.D.: Silvia está muy angustiada por la salud de su abuela a la que siempre estuvo muy apegada y como en su casa hay dos generaciones de madres solteras, que consideran a los hombres como monstruos u objetos, tampoco sabe cómo vincularse con ellos. No puede creer que haya un espacio en la vida para amar.
P.: ¿Aquí también hay un lobo feroz?
J.D.: Sí. Me interesó indagar escénicamente la idea de monstruo en una obra realista y bien contemporánea en la que el suceso principal es igual al cuento.
P.: Una anciana a la que un depredador liquida para ocupar su lugar... ¿No parecen las andanzas de Norman Bates, el protagonista de «Psicosis» de Hitchcock?
J.D.: ¡Qué curioso que lo mencione! Recién en el ensayo de ayer y después de tanto tiempo de trabajo apareció el nombre de Norman Bates. Si unos días antes usted me hubiera hablado de él, seguro que le habría dicho que no tenía nada que ver con este personaje. Es un mentalista que se enamora locamente de Silvia. Parte de la gracia de la obra reside en que todo el mundo conoce la historia de Caperucita y esa referencia está siempre presente. Uno se olvida del cuento mientras ve la obra, pero de pronto aparece. Me interesó jugar con la tensión que esto genera.
P.: No recuerdo a otro dramaturgo que se esfuerce tanto en competir con el cine y con la literatura fantástica como lo hace usted...
J.D.: Me lo dicen a menudo. No me lo propongo, simplemente recupero para el teatro recursos que le son propios. A mí me hizo gracia que Valeria Bertuccelli dijese que la obra le encanta porque es un delirio. Para mí no lo es. Vivimos en un mundo lleno de monstruos. Monstruos que son como uno, que están dentro de cualquier familia, en cualquier sociedad. Lo que acá sucede es la cosa más normal del mundo.
P.: ¿Tiene un final muy sombrío?
J.D.: Y...el final de «Caperucita» no es muy feliz que digamos. La de los hermanos Grimm termina un poco mejor, pero la de Perrault termina muy mal...
P.: Usted debe haber ido al teatro desde muy niño...
J.D.: No. En realidad empecé de adolescente. La única vez que recuerdo haber ido al teatro siendo chico, fue cuando me llevaron a ver «Cenicenta», en la biblioteca de Olivos, y la decepción fue espantosa.
P.: ¿Qué sucedió?
J.D.: Yo esperaba el momento en que el hada convirtiera a los ratones en caballos, a la calabaza en carruaje, y al vestido harapiento en uno de fiesta y justo en ese momento se cerró el telón y una actriz asomó la cabecita para narrar la situación. Entonces pensé: «Justo lo que vine a ver es lo que no me muestran». Creo que eso tuvo un gran efecto en mí.
P.: ¿Vuelve a España?
J.D.: En enero empiezo a ensayar «Caperucita» en Barcelona con elenco local. Sigo teniendo bastante trabajo en España. Pero ahora voy a tratar de viajar menos, cuatro o cinco veces al año. Hace siete años que no paro y ya me cansé. Quiero quedarme más tiempo en Buenos Aires. En España ya cumplí un ciclo. Hice todo lo que propuse, obtuve un gran reconocimiento y la verdad es que me interesa seguir llevando nuevos proyectos. Pero acá hay tantísimos actores con los que quiero trabajar o que se acercan para que los dirija como pasó ahora con estas magníficas actrices, que ya no me va a dar el tiempo para trabajar con todos.
Entrevista de Patricia Espinosa


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