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Javier Marías autodepurado

Si acaso le sorprendió que un escritor español rechazara el importante Premio Nacional de Narrativa de su país por su nueva novela, «Los enamoramientos», simplemente por cumplir con que un día había dicho que no iba a aceptar premio oficial alguno. Si no se hundió en esa novela para dejar que una tal María le contara sus turbulentos amores. Si no se dejó atrapar por «Corazón tan blanco», «Mañana en la batalla piensa en mí» o alguna de las multipremiadas novelas de uno de los más destacados escritores españoles de la actualidad, un puñado en que sobran los dedos de una mano. Si no se dejó arrastrar por el prestigio de ese madrileño, hijo de un retórico profesor de filosofía, que en su tiempo fue profesor en Oxford y hoy es miembro de la Real Academia Española, esta selección de cuentos es un excelente modo de ir a curiosear en su obra.
Aquí están los temas que le importan con una extensión temática mayor que la de sus novelas. La selección es dura y drástica, como se podía esperar de un cultor del sarcasmo, del detalle descaradamente cínico. Eligió 30 cuentos de su producción, 23 «aceptados» de los que «no me avergüenzo», 7 «aceptables» de los que se avergüenza «un poco pero no demasiado», y suprimió para siempre los que ve como inaceptables, los que fueron esos borradores de relatos que se iniciaron en un primer relato a los 14 años.
Cuando el lector se adentra en los problemas de unos mafiosos caídos en desgracia o en ese pobre sicario que trata de disuadir a esas personas que intentan contratarlo no busca los potenciales referencias literarias, quiénes influyeron en su forma de narrar, y que en muchos casos, como en el de ese mayordomo encerrado en un ascensor en Nueva York, se piensa de inmediato en la literatura anglosajona, en el juego de tejer por la prosa una trama donde se mezcla elegancia y esa inquietud que da una pausada intriga.
En el caso de «Mientras ellas duermen», extraordinario cuento que Wayne Wang va a llevar al cine, donde un hombre viejo y obeso filma obsesivamente a la chica que lo acompaña, logra fundir la explicada pedofilia de un perverso con un crimen que queda en un sospechado potencial posible, es decir que mezcla a Nabokov con Hemingway. En «Mala índole», la nouvelle que da titulo a esta antológica antología, y cuyos derechos para el cine ya han sido comprados, relata de un modo sostenidamente divertido las peripecias que ocurren en Acapulco en la filmación de una película protagonizada por Elvis Presley, donde participa uno de los personajes más reiterados en sus novelas, Ruibérriz de Torres. A medida que se pasan las páginas se piensa en Pelhan Woodehouse, en la genial Alice Munro, en relatos de Julio Cortázar y, sobre todo, de Adolfo Bioy Casares cuando lograron desprenderse de la influencia de Borges. Pero fundamentalmente hay en este libro algunas de las mejores cosas de Javier Marías, un miembro de la secta de conspiradores literarios españoles que hicieron saltar la narrativa de España a la modernidad.
M.S.


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