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Jean Simmons, buena actriz que se negó a ser gloria del pasado
Bella, refinada y, para muchos, la mejor Ofelia del cine (en el «Hamlet» de Laurence Olivier, 1947) Jean Simmons llegó a Hollywood en 1952 y trabajó con directores de la talla de Cukor y Wyler, y junto a actores míticos como Marlon Brando.
Nacida el 31 de enero de 1929 en Crouch Hill, Londres, tenía 14 años cuando gente de cine la descubrió en una escuela de baile, y la hizo integrar el reparto de «Give Us the Moon», una de las primeras comedias inglesas hechas en la euforia del final de la II Guerra Mundial. Así participó en casi una veintena de títulos, como «Sports Day», «Meet Sexton Blake», «Uncle Silas» y otros pasatiempos. Pero ya en 1946 David Lean la hizo brillar en «Grandes ilusiones», y en 1947 Laurence Olivier la consagró en su «Hamlet», con una Ofelia que le dio su gran premio como mejor actriz en Venecia, y su primer candidatura al Oscar. Hollywood se fijó en ella, pero ella tenía los ojos puestos en Stewart Granger, a quien había conocido cuando ambos integraban el reparto del «César y Cleopatra» escrito por Georges Bernard Shaw. A Los Ángeles fueron recién en 1952, cuando él también tuvo una buena oferta de contrato.
Para entonces, ella ya había protagonizado una versión de «La laguna azul», «Idilio en Paris», «La mujer del muerto», «Acosada», «Adan y ella» (con Granger) y otros éxitos del momento. En Hollywood debió luchar con el magnate loco Howard Hughes, dueño de su contrato. Él había jurado destruirle su carrera si no aceptaba trabajar en varios bodrios y encima entrar en su cama, pero ella, tras larguísimo juicio, logró imponerse en Tribunales. También se impuso en pantalla, como coprotagonista de «Androcles y el león» (de nuevo G.B. Shaw), «El manto sagrado», «La reina virgen» (la joven Isabel), «Linda y peligrosa», «Así muere el amor», «Una bala en el camino», «Sinuhé el egipcio» y otros títulos junto a Victor Mature, Robert Mitchum, y otros galanes rudos que hacían buen contraste con su figura.
Títulos mayores, «Cuando una mujer se empeña», de George Cukor, con Spencer Tracy, «Desiree, la amante de Napoleon» y «Ellos y ellas», ambas con Marlon Brando, «Horizontes de grandeza», de William Wyler, con Gregory Peck, «Esta tierra es mía», de Henry King, con Rock Hudson (una cumbre del melodrama rural con franqueza sexual). Con su marido hizo también una de título harto significativo: «Amor envenenado». Se divorciaron en 1960 y enseguida se casó con el director Richard Brooks, que ese mismo año la hizo brillar en «Elmer Gantry» junto a Burt Lancaster. También de 1960 son «Espartaco», producida por Kirk Douglas, y «La mujer que quiso pecar», de Stanley Donen, con Cary Grant. Y de esa década, «Espejo de una vida», «La mujer sin rostro», «La noche de los pistoleros», «Subasta de almas», y «El amargo fin» (contradictorio título original, «The Happy Ending»), también de Brooks, con el que obtuvo su segunda nominación al Oscar. Diez años después, se divorciaron.
Como suele ocurrir cuando la belleza empieza a volverse otoñal, el resto es una larga lista de papeles de reparto. Se destacan cada vez más numerosas apariciones televisivas, iniciadas en el «Bob Hope presents the Chrysler Theatre», algún «Alfred Hitchcock presenta», algún «Perry Mason», y también algunos brillos en los 80, como la Helen Lawson de «El valle de las muñecas», Clarissa Main de «Norte y Sur», Fiona Cleary de «El pájaro canta hasta morir» (que le dio el premio Emmy), o la almirante Satie de un episodio de «Star Trek: the next generation». Lo mejor, el papel de la anciana Miss Havisham de la miniserie de 1989 «Grandes ilusiones». Dicho sea de paso, la Miss Havisham de aquella lejana película de su adolescencia la había hecho Martita Hunt, actriz inglesa nacida y criada hasta los diez años en Rosario, Argentina. Pero ésa es otra historia. La de Jean Simmons termina en Santa Monica, mirando películas viejas junto a su perro y sus gatos, esperando la visita de sus dos hijos (uno por matrimonio), el alivio del cáncer, y el consuelo de lo que parece ser, quién sabe, su canto del cisne: «Shadows in the Sun», película de brillos chejovianos que protagonizó meses atrás, para un grupo independiente británico. Al verla, Derek Malcolm la definió en el «London Evening Standard» como «una actriz que se niega a ser estrella del pasado».


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