La exposición, titulada “…más allá de la Patria soberana!”, une los colores y texturas de la llanura, las montañas, las aguas, los desiertos, y la marca del hombre.
Garofalo. Óleo sin título que refleja el sol ardiente en el paisaje. La muestra está compuesta por 50 pinturas con una dimensión pequeña pero elocuente, y una inmensa pintura de textura áspera.
La galería Vasari presenta la muestra "...más allá de la Patria soberana!" del pintor José Garófalo (1964). A través de 50 pinturas con una dimensión pequeña pero elocuente, el artista compone una imagen verídica y abarcadora de la totalidad del paisaje argentino. Salvo una inmensa pintura de textura muy áspera, donde se confunden los verdes y los colores tierra, las obras apenas superan los 25 x 30 centímetros. Y allí, en esos breves retazos, figura la inmensidad y diversidad del vasto horizonte de la llanura y de las montañas; están las aguas, los mares y los ríos; los cielos despejados y los que atraviesan tormentas y ciclones; está también la nada pura del desierto y el barroquismo de la selva; el sol ardiendo y la noche. Las imágenes son inagotables.
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Pero ha desaparecido el hombre. Ni siquiera los rastros del sujeto y la "Patria soberana!" es posible encontrar. El horizonte acapara el protagonismo y desde el emotivo título, la muestra anuncia un estado de exaltación romántica.
A través de las visiones de medio centenar de paisajes, Garófalo le brinda forma a un relato íntimo, que cobra la forma de una obsesión. El procedimiento que lleva al artista a realizar esta larga serie de pinturas para representar la Argentina, bien puede compararse al concepto que utiliza Borges para describir la extensión inabarcable de nuestro territorio: "En pocas regiones del planeta habrá menos visuales que esta. Consideremos en primer lugar el caso de la pampa. Darwin observa (y Hudson lo corrobora) que esta llanura, famosa entre las llanuras del mundo, no deja una impresión de vastedad a quien la mira desde el suelo o desde el caballo, ya que su horizonte es el de la vista y no excede tres millas; dicho sea con otras palabras: la vastedad no está en cada percepción de la pampa (que es lo que puede registrar la fotografía) sino en la imaginación del viajero, en su memoria de jornadas de marcha y en su previsión de otras muchas. La pampa no se da en una imagen; es una serie de procesos mentales. Finalmente, las pinturas de Garófalo coinciden con las palabras de Borges [...] Lo pintoresco es la excepción en este país y no lo sentimos como argentino. De ahí lo difícil de apresar en una limitada serie de imágenes estas realidades hurañas y casi abstractas".
Para explicar este modo de producir una pintura tras otra, Garófalo expresa el sentimiento que lo impulsa: "Necesitaba hacer muchas y trabajarlas diaria y rápidamente como una serie. Tenía la necesidad de pintar muchas imágenes diferentes". Así, como observó Borges, el espectador de la muestra deberá internarse en cada uno de los paisajes mirarlos con atención, para luego advertir la vastedad del territorio argentino. La visión panorámica es exclusivamente mental e imaginaria.
Por otra parte, estos paisajes casi abstractos, al igual que el título emotivo de la muestra, movilizan la memoria. Por esta tierra han pasado los viajeros ingleses y los patriotas que iban camino a la muerte o el exilio; el indio, el gaucho y la inmigración; la revolución y la muerte; hasta llegar a los protagonistas de las luchas financieras y políticas que hoy entablan en las calles una lucha sin cuartel. En el texto que acompaña la exposición, Alejo Ponce de León, observa: "Garófalo experimenta sobre la certeza absoluta que nada más ofrece el territorio, es decir, el lugar donde estamos parados, nos deprimimos, soñamos y plantamos las estelas mínimas que señalan el camino hacia el futuro".
En la muestra hay dos homenajes significativos; uno de ellos a su amigo y compañero del taller de la calle Junín, Santiago García Sáenz. En este auténtico "rancho urbano" con paredes de adobe color rosa como las de Figari, piso de tierra y patios con florcitas, se festejaban las fechas patrias hasta que murió García Sáenz, artista que aun en las peores circunstancias de su vida supo creer en los milagros. El otro homenaje está dedicado a Rómulo Macció y representa el Río de La Plata pintado con un punto de vista inusual, desde una embarcación, mirando la Costanera. Esta visión del que llega en un barco, no sólo recuerda el origen de un descendiente de la inmigración italiana, sino que además enseña a ver y descubrir lo nuevo si damos vuelta el orden tradicional o esperado de las cosas.
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