Juicio a Garzón deriva ahora en proceso a Franco

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Madrid - El juicio entablado contra Baltasar Garzón por investigar los crímenes del franquismo dio lugar ayer a una significativa paradoja. Víctimas del régimen dictatorial, presentadas como testigos por el juez suspendido, contaron por primera vez ante el tribunal el horror padecido, un hecho inédito en la Justicia española.

La primera testigo, María Martín López, de 81 años, relató ante los jueces su historia: «Mataron a mi madre en 1936 (año de inicio de la Guerra Civil, que finalizó en 1939) por no tener mil pesetas. La echaron a la calle, se la llevaron a declarar, y en el camino la mataron. Eran 27 hombres y 3 mujeres».

La mujer, representante de la Asociación Nuestra Memoria, de víctimas en la Sierra de Gredos, explicó que entonces, el 21 de septiembre de 1936, ella tenía 6 años y dos meses y que su padre buscó a su madre sin descanso. María dijo que sabía dónde habían enterrado a su madre después de ser fusilada, pero que ninguna autoridad la ayudó a recuperarla. Se trata de uno de los 130.000 desaparecidos que dejaron la Guerra Civil y el franquismo.

Añadió que el cadáver de su madre está en una fosa junto a otros cuerpos y todas las gestiones que ha realizado para recuperarlo han fracasado.

La mujer, que testimonió vestida de negro, en contraste con su pelo cano, dijo luego al diario español El País: «Yo lo que quiero es que me ayuden a encontrar a mi madre para poder enterrarla. Nada más y nada menos. ¿Quieren que esperemos 75 años más?».

Le escribió cartas al rey Juan Carlos, al juez del Supremo Luciano Varela (a la postre, instructor en el juicio contra Garzón) y al expresidente de la Cámara de Diputados José Bono (socialista), entre otros, según el abogado del magistrado en el banquillo, Gonzalo Martínez-Fresneda.

La segunda en testificar fue María del Pino Sosa Sosa, de 75 años y presidenta de la Asociación por la Memoria Histórica de Arucas, Gran Canaria, y quien presentó una denuncia a la Audiencia Nacional con una lista de más de 500 desaparecidos víctimas del franquismo y ayer narró ante los magistrados cómo desapareció su padre.

«Se lo llevaron de casa, lo apalearon, lo tuvieron preso y luego lo dejaron en libertad». Sin embargo, nueve días después, un grupo de falangistas volvió por él y «nunca más supimos nada», dijo la testigo. «Cuando se llevaron a mi padre yo era muy pequeñina. Se nos llevaron el pan y la sal de nuestras casas», afirmó, tras recordar que su madre no aceptó la declaración de fallecimiento de su padre porque «se lo llevaron vivo y vivo lo reclamaba».

La mujer relató al Tribunal Supremo que primero denunció el caso en su pueblo, Arucas, antes de acudir a la Audiencia Nacional en busca de «justicia», y argumentó que denunciaron crímenes de lesa humanidad que no están prescriptos.

Finalmente declaró Ángel Rodríguez Gallardo, historiador de la Asociación por la Memoria Histórica de Ponteareas, Pontevedra, quien subrayó que las víctimas acudieron a la Audiencia Nacional porque «había muchos crímenes sin resolver».

El testigo contó cómo las víctimas fueron de tribunal en tribunal, sin saber aún quién es competente, y que hubo intentos anteriores de obtener repuesta de la Justicia, pero el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 frenó todo.

Las víctimas del franquismo, por primera vez con voz propia en la más alta instancia judicial española, se dirigieron al tribunal en calidad de testigos de la defensa del juez Garzón, quien afronta un pedido de pena de 20 años de inhabilitación por un delito de prevaricato, es decir, dictar a sabiendas una resolución injusta, por haberse declarado competente para investigar los crímenes del franquismo y haber ordenado la exhumación de fosas comunes, pese a la ley de amnistía vigente.

Garzón, mundialmente famoso por perseguir a violadores de derechos humanos aplicando el principio de justicia universal, recibió paradójicamente el aval de todas las instancias superiores de la Justicia española para investigar crímenes de dictaduras en países como Chile y la Argentina.

Agencias EFE y Télam,

y Ámbito Financiero

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