Karina Olmedo será nuevamente Medora en “El corsario”

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Luego de su exitosa presentación en 2011, el Ballet Estable del Teatro Colón repone desde el domingo el ballet "El corsario" en la versión de Anna Marie Holmes, con música de Adolphe Adam, Cesare Pugni, Riccardo Drigo y Leo Delibes. La historia de las desventuras de Medora y Conrad ideada por Lord Byron se presentará en seis funciones (domingo 18 a las 17, y del martes 20 al sábado 24 a las 20.30).

Esta producción, con escenografía de Christian Prego y vestuario de Aníbal Lápiz, se presentó en 2013 en diversas salas norteamericanas como el Kennedy Center for the Performing Arts de Washington, el Metropolitan Opera House de Nueva York y el Dorothy Chandler Pavilion de Los Ángeles. Por lesión de Juan Pablo Ledo, Federico Fernández asumirá todas las funciones, en tanto que Karina Olmedo será Medora el 18 y 20, Madia Muzyca el 21 y 23 y Carla Vincelli el 22 y 24. Participará la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires bajo la dirección de José Luis Domínguez. Dialogamos con Olmedo:

Periodista: ¿Qué dificultades técnicas e interpretativas plantean este papel y esta versión?

Karina Olmedo:
El primer acto es prácticamente un "divertissement" o una comedia; después ya toma el carácter de la versión del Kirov. Tiene grandes dificultades técnicas, variaciones larguísimas y complejas. Una de las variaciones de Medora se usa en el "grand pas" de "Don Quijote", es como un vals con grandes dificultades técnicas, y no existe en la otra versión. A nivel interpretativo tiene un "pas de deux" neoclásico bellísimo en el segundo acto, muy romántico y agradable de hacer. Es un momento muy esperado porque al tener lo otro tantos desafíos técnicos esto es más grato. Las indicaciones de los repositores con los que trabajamos no se olvidaron: Medora es una mujer con gran personalidad, una princesa con un temple muy especial, es un personaje muy interesante.

P.: ¿Se siente identificada con este tipo de personajes?

K.O.:
Cuando era más joven me sentía más en mi ámbito en Kitri ["Don Quijote¨] o Medora, pero después de haber estrenado la versión de MacMillan de "Romeo y Julieta" con Maximiliano Guerra algo cambió en mi cabeza. Siempre se apostaba en mí a papeles más fuertes. Pero trabajé mucho esa obra, estudié los textos de Shakespeare con Lito Cruz, que me hacía llevar la música que yo tenía que bailar en cada escena, yo decía los textos con esa música. Yo tal vez estaba autolimitada, no creía estar preparada para este tipo de papeles. Junto con eso y el trabajo que hicimos con los repositores de MacMillan se abrió una puerta en el área romántica. Cuando llegaron obras como "Giselle" yo estaba más madura y me empezaron a interesar verdaderamente esos papeles. Después de "Onegin", de "Manon", de Julieta, de "La Sylphide", estoy cómoda en las dos cosas. También me influyó la guía de Tatiana Fesenko, que me refinó en mis movimientos, una gran maestra con un estilo y una clase que me ayudaron a definirme en lo romántico.

P.: ¿Tiene previsto ya el momento de su retiro?

K.O.:
Pienso que va a ser cuando sienta que ya no puedo. En el caso de Silvina Perillo, a ella le pesaba un poco venir. Eso es siempre un llamado de alerta, porque si esto no se hace con ganas se torna insostenible, porque no es sólo el venir cada día, sino también el ser aceptado, el compromiso, el estar bien, el cuidado del cuerpo... Pienso, sin dar certezas, que tal vez en 2015 vaya haciendo funciones en lugares donde bailé mucho, como Mendoza y Corrientes, y después retirarme en el Teatro. "Romeo y Julieta", que el Colón hará en octubre, es una obra que si puedo bailarla cerraría mi ciclo. Por ahora no me siento cansada, pero siempre hay que dejar la danza antes de que la danza lo deje a uno. Por suerte mi marido, que también es bailarín, es muy sincero, y siempre me dice: "El día en que no se te vea bien yo voy a ser el primero en decírtelo". He tenido charlas con gente que me quiere bien, como Mauricio Wainrot, Tatiana Fesenko, el mismo Pedro Pablo García Caffi, que me han dicho que no deje, que el Teatro todavía me necesita, que dentro de la compañía tengo una tradición, y que no es el momento de retirarme. Sus palabras fueron tan sinceras que me hicieron reflexionar.

P.: Desde sus inicios, ¿qué cambió en el ballet?

K.O.:
Carla Fracci dijo a propósito de esto hace poco en una entrevista que hace cuarenta años que hay ballet pero no hay arte, hay grandes técnicos, deportistas, pero faltan intérpretes: hay una búsqueda errada. Tal vez ella fue demasiado tajante, pero es innegable que la búsqueda del bailarín ha cambiado. No en todos los casos, pero hay chicas jóvenes a las que si les preguntan por qué vienen caminando de tal forma o por qué deben pararse de determinada manera no saben responder. Si no está en la búsqueda de la persona ocuparse de cómo se va a interpretar, se hace igual el "Pas d'esclave" de "Corsario" que uno de "Don Quijote". Nosotros trabajamos muy bien con los repositores de "Onegin" con un nivel casi teatral, o "La sylphide": ésa es gente dentro del arte que sigue apostando a la verdadera interpretación. Vueltas y giros como los de la capoeira hay muchos. Bailar para mí es buscar el cómo, darle sentido a lo que uno hace, buscar la conexión con el partenaire. Me apoyo en la técnica que me saca la preocupación de estar pensando en los pasos, pero me gustaría que se volviera a eso.

P.: ¿Piensa que hubo entonces una evolución técnica pero también una involución interpretativa?

K.O.:
Sí. No en todos los casos, pero a nivel mundial pasa un poco eso. Siempre digo que la técnica es el apoyo para el desarrollo artístico. Cuando hay limitación técnica uno está preocupado por eso. Hay que trabajar con escuela, pero la interpretación en el momento de bailar es algo completamente distinto. Yo bailo para eso.

Entrevista de Margarita Pollini

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