27 de mayo 2009 - 00:00

Kirchner, de campaña estatista en Massuh

Néstor Kirchner se subió ayer a un montacargas, junto al intendente de Quilmes, Francisco Gutiérrez, durante su visita a la planta de Massuh, en ese partido.
Néstor Kirchner se subió ayer a un montacargas, junto al intendente de Quilmes, Francisco Gutiérrez, durante su visita a la planta de Massuh, en ese partido.
Néstor Kirchner llegó poco después de que, tras casi siete meses, las máquinas de la planta de la papelera Massuh en Quilmes vuelvan a funcionar. No quiso, en plena campaña, perderse esa vidriera: un paradigma del modelo K en cuanto a intervención estatal.

Evitó, sin embargo, mostrarse junto a Guillermo Moreno, el CEO K de la compañía, que se quedó en las oficinas que ocupa en ese predio del sur del conurbano. Poco visible, el secretario de Comercio está destinado a otros menesteres, en general nada televisivos.

Kirchner se paseó por la planta, se calzó el casco de los trabajadores y jugó al operario operando una máquina y manejando un vehículo de carga y descarga. Quedó, por un rato, en el universo de Hugo Moyano que quiere controlar todo lo que ande sobre ruedas.

Fue, la de ayer, la tercera visita del candidato a Quilmes en 20 días. Estuvo allí para anunciar el «salvataje» de Massuh, unos días después recorrió los barrios y ayer volvió para, además de visitar la planta, recorrer las profundidades de Solano.

Francisco «Barba» Gutiérrez, el intendente, lo recibió con buenas noticias.

-Acá, De Narváez se está cayendo y los radicales no aparecen -dijo el alcalde para euforia del ex presidente.

-En todos lados pasa lo mismo: los vamos a aplastar -se envalentonó el patagónico.

Detrás de él, desfilaban los ministros Florencio Randazzo, Sergio Massa y Alicia Kirchner. Se sumó a la recorrida Carlos Kunkel, vocero oficioso de los Kirchner y amigo de Gutiérrez. Todos optimistas del gol: a ver cuál pronostica una victoria más poderosa.

Otra presencia llamativa: Amado Boudou, jefe de la ANSES. «Hay que defender el modelo», ensayó, aquí y allá, ante puñados de operarios, el ex presidente. Y recordó que si hubiese ocurrido en 2001, el Gobierno no hubiese intervenido para «salvar la compañía y los puestos de trabajo».

En Solano repitió el ritual de las últimas semanas: caminata por barrios humildes, besos y saludos, fotos de celular. El ex presidente no se anima, todavía, a explorar otros territorios: les mezquina, por ahora, el cuerpo a zonas medias, a peatonales donde, sabe, el clima es menos amable con su figura.

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