18 de junio 2009 - 00:00

Kirchner-Macri, y el duelo de los modelos

Mauricio Macri
Mauricio Macri
Aturdido por los tropiezos propios, Néstor Kirchner detectó ayer un cóctel de ambigüedades de Mauricio Macri como su salvación: a dúo con su esposa, se colgó de vaguedades, alguna confesional, del porteño para dirigir la campaña a un terreno más cómodo.

Macri criticó la administración de Aerolíneas Argentinas, que «pierde 4 o 5 millones por día mientras no hay plata para los patrulleros» y deslizó que el sistema previsional, que en 2008 el Gobierno estatizó en plenitud, debería volver, «con reformas» a las AFJP.

La cocina K amasó esa materia prima y la articuló en un título: Macri «quiere reprivatizar», a pesar de que el jefe de PRO sostuvo que no le asunta la palabra «estatizar», aunque, en paralelo, advirtió que los Kirchner podrían repetir las «locuras de Chávez».

Para Olivos, que moldeó la letra de Macri para usarla como una bomba sucia, fue una bendición: desde que la semana pasada, Kirchner se zambulló en el expediente De Narváez, la campaña oficial comenzó un recorrido sinuoso y perjudicial para el peronismo K.

Dato: ayer, en Gobierno, con preocupación se reconocía una diferencia de 4 puntos sobre Unión-PRO. Casi un empate técnico que, para calmar ansiedad y pánico, se estiraría -aseguran o desean- a 7 u 8 puntos el día de votación por lo que llaman «el plus» del peronismo.

Francisco de Narváez, en la otra vereda, esparció entre los suyos la expectativa de una victoria. Los climas mutan. Los K no ven el acecho de una derrota, pero se preparan para un mano a mano con un final ajustado. En PRO ven a los indecisos -8%- como el pasaporte a un triunfo.

El episodio de los aires reprivatizadores de Macri apareció como una luz al final del túnel en la campaña oficial que, con Kirchner estancado y el empresario-diputado en alza, no logró articular una ofensiva para despegarse.

Regreso

Le pasó a De Narváez hace 10 días hasta que el patagónico, confiado en que le llevaba 12 puntos, imaginó que al desempolvar la causa de la efedrina le daba el tiro de gracia. El resultado, más los entreveros entre Elisa Carrió y Julio Cobos, fue otro: Unión-PRO volvió al podio.

Una anécdota refleja esos días. Artemio López y Analía del Franco, habituales encuestadores K, portaban informes que otorgaban más de 10 puntos de diferencia al ex presidente. «No le muestren esos números -sugirió un funcionario- porque se va a desbocar».

Fatal (para el Gobierno), y certera, premonición.

Fantasma versus fantasma. Kirchner sacudió la teoría privatista de Macri luego de que De Narváez alertara que luego de la elección del 28 de junio, la Casa Rosada avanzará sobre los «depósitos bancarios y la propiedad privada». La novela de los dos modelos.

Kirchner destaca como bondades de su Gobierno la toma del control de Aerolínas, las AFJP y, entre otras firmas privatizadas, Aguas Argentinas -ahora AySA-. De Narváez-Macri cuestionan las administraciones de las compañías y alertan sobre una ola estatizadora.

El PJ acusó el puntazo. Alberto Balestrini -el mismo que mandó pegar afiches de Kirchner en La Plata ante la ausencia de publicidad con el ex presidente- se encres-pó con De Narváez: «Llegó a la política financiando a Menem y ahora quiere meter miedo».

Cristina de Kirchner, desde una tarima emblemática de la brumosa administración estatal -Atucha II-, también eligió el camino nominal. «Esta gente de PRO» quiere «volver al modelo» neoliberal porque «en los 90 tuvieron muchas rentabilidades y ganancias».

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