13 de octubre 2009 - 00:31

KIRCHNER REAPARECE PARA ADUEÑARSE DEL 17 PERONISTA

De facto, montado en la euforia de la ley de medios, Néstor Kirchner intentará reconquistar, sin legalismos ni sutilezas, la jefatura del peronismo de la que se fugó, preventivo, el 29 de junio, horas después de su derrota con Francisco de Narváez en Buenos Aires. Dos anacronismos, los fastos del 17 de octubre y un homenaje a Antonio Cafiero, serán la escenografía para que el patagónico corone su regreso. Ni falta una reasunción. En rigor, cuando fue jefe formal, el PJ estuvo congelado como durante la larga intervención judicial.

La ceremonia, el sábado en el Teatro Argentino de La Plata -un símbolo de la bonaerización K-, desatará el festejo por la ley de medios que truncó la madrugada. Servirá para que Kirchner regrese, 110 días después de renunciar, a lucir el mando del PJ.

Destino ingrato el de Cafiero. El ejercicio del panperonismo que explicitó en su cumpleaños, se contaminará en un show que el ex presidente utilizará para mostrar, otra vez, que por pánico o reverencia -quizá sea lo mismo- la porción mayor del PJ le obedece.

Receloso, el veterano ex senador exploró los modos y el tono de los discursos. Temió -con razón- que Kirchner y Daniel Scioli lo expongan a un festival personalista, entre menciones a candidaturas insinuadas o implícitas, que no presume oportunas ni felices.

Su intriga se calmó, siquiera en parte, cuando le prometieron que no habrá manifestaciones en ese sentido. Pidió, también que le permitan invitar a un puñado de amigos que no profesan, en estos tiempos -algunos jamás lo hicieron-, la fe kirchnerista.

No es que pretenda convocar a Eduardo Duhalde pero, como mínimo, si se trata de «su» homenaje le gustaría ver entre los aplaudidores de las primeras filas, por citar dos casos, a Felipe Solá y Gerónimo «Momo» Venegas.

Manoteó, como último recurso, una precaución. Garabateó unos párrafos en los que pedirá internas abiertas para que el peronismo elija un candidato posible, único y «con chances». Sin error, puede intuirse que para Cafiero ese candidato no es Kirchner.

Además del almanaque -la veteranía tiene un don vindicatorio- el ex gobernador puede mostrar una medalla: protagonizó, allá por el '88, una interna presidencial que perdió con Carlos Menem y acató luego la consigna que indica que el que pierde acompaña.

Homenajeado, con diploma de «ciudadano ilustre» de la provincia, Cafiero verá desde un sitio preferencial el festejo dionisíaco del kirchnerismo por su avanzada contra la prensa. ¿Será la oportunidad para que el ex senador opine respecto a la ley de medios?

La historia, siempre impiadosa, registra una intervención nada periférica del ex senador en la expansión del Grupo. Uno de sus apóstoles, Guido Di Tella, fue el encomendado por Menem, cuando se apagaban los 80, para negociar la cesión de Canal 13 a Clarín.

Hasta, en cierto modo, lo acechó la mala suerte. Lo que al principio se planeó como otro recuerdo del 17 de octubre, adornado con un reconocimiento a su trayectoria, termina de manera accidental convertido en una tribuna de kirchnerismo explícito.

Cuando, el atardecer del 18 de agosto, en La Plata, José María Díaz Bancalari propuso un acto para «mostrar que estamos de pie», el planeta K era un territorio de brumas. Es más: para aportar mística, Alberto Balestrini sugirió el rito demorado de honrar a Cafiero.

Por entonces, la ley de medios olía a entelequia. Ahora, consumado, es un episodio esencia para el kirchnerismo que, más que el impacto efectivo -y discutible- sobre la galaxia mediática, cumple el fin esencial para Kirchner: lo reposicionó como jefe del PJ.

En ese tránsito, abortó la aventura separatista de Scioli y apagó la rebeldía de los gobernadores que pergeñaban un PJ nacional sin su incidencia. Sin protocolos, el sábado expondrá a los gritos que se asume, con razón o no, inevitable.

Justo un 17 de octubre.

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