«Es insostenible: no se puede hablar, no acepta nada», se descargó, la semana pasada, Rodríguez al oído del gastronómico. En línea, Gerardo Martínez, de UOCRA, le transmitió un mensaje similar a Julio De Vido. «Nosotros no vamos más: lo frenan ustedes o lo frenamos nosotros».
Unas horas después, los «gordos» y los «independientes» pegaban un portazo en el consejo directivo de la CGT en el que Moyano quedó reducido a su núcleo duro, la histórica MTA, más dos aliados a desgano y ajenos: la UOM de Antonio Caló y Juan Belén, y la UTA de Roberto Fernández.
El paso siguiente lo dio Oscar Lescano, de Luz y Fuerza, al plantear el escenario de restablecer un triunvirato en la cima de la CGT, alternativa que Moyano se niega siquiera a discutir. Lescano dijo en público lo que no se animó a pronunciar en un mano a mano con el camionero 10 días atrás en Obras Sanitarias.
Aquella tarde, en una cita armada por José Luis Lingieri, una especie de moyanista portador sano, el camionero ofreció su renuncia. «Si tengo que dar un paso al costado, lo doy», dijo, conocedor de antemano de la respuesta de sus antagonistas. Ninguno lo consideró oportuno ni necesario. La secuencia, con sus vaivenes, tendrá hoy otro mojón: en la UOCRA, al mediodía, se citarán «gordos» e «independientes» para resolver una táctica común respecto de la cúpula de la CGT, el Consejo del Salario y la participación en la mesa de diálogo que funcionará en el Consejo Económico y Social (CES).
Anoche se especulaba con que, además de Martínez, Rodríguez, Lescano, Armando Cavalieri (Comercio), José Pedraza (Unión Ferroviaria) y Carlos West Ocampo (Sanidad), en la oficina de Belgrano aparecerá Fernández, heredero indeseado de Juan Manuel «Bocha» Palacios en UTA.
Si lo hace, el «Narigón» Fernández estará desafiando un mando supremo de De Vido que le avisó, con un lenguaje más críptico, que «Néstor» apuesta a la continuidad de Moyano en la jefatura de la CGT y que vería con malos ojos que otros gremios «amigos» atenten, en un «momento difícil», contra ese proceso.
El jerarca de la UTA escuchó algo similar de boca de Juan Pablo Schiavi. El secretario de Transporte había soportado una charla de dos horas con los «subse» gremiales, encabezados por el moyanista Jorge González, con un monotema: la continuidad de los subsidios al transporte que Schiavi planteó analizar.
Difícil
La UTA negoció una suma fija, pero no cerró con la paritaria. Como Camioneros, un acuerdo del sector depende de una mediación del Estado: no institucional, sino financiera. Por eso fue a Azopardo, estuvo 10 minutos, no abrió la boca y se fue con una excusa pueril: «Tengo gente en casa».
No irá, a pesar de una invitación, Barrionuevo. El gastronómico está en difícil y expone su menú de condiciones antes de cualquier ronda. La más importante: «Yo juego si ustedes juegan de verdad contra el Negro», los provoca Barrionuevo que se refiere a Moyano con ese amigable apodo.
Si este mediodía, en UOCRA se acuerda una táctica común contra Moyano, el titular de la CGT Azul y Blanca estará dispuesto a unificar tropa y criterio. La forma, al final, es lo de menos: vía triunvirato como sugirió Lescano o, como prefiere Barrionuevo, por un congreso normalizador.
Es en ese vértice, donde confluye la reincorporación del gastronómico con el «vaciamiento» del poder de Moyano, que aparecen los demás factores críticos y se dibuja un escenario de confrontación y negociación entre los anti- Moyano y el Gobierno.


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