12 de octubre 2009 - 00:00

Kirchner, trasnoche en Olivos, vendetta, brindis y quimeras

Nicolás Fernández, que conoce al matrimonio K y los vericuetos del Senado, dio, hace 10 días, el dictamen. Sólo Néstor Kirchner, como negociador oficioso de Olivos y la Casa Rosada, podía garantizar el número. «De acá, nadie puede. Ni Miguel ni Pepe ni yo. Si Néstor no se mete, estamos en problemas».

El senador Fernández, «Tito» en confianza, santacruceño y leal, sostuvo su pronóstico sobre el episodio de la 125. Lo discutió largo, al igual que Miguel Pichetto, con los ministros Aníbal Fernández y Florencio Randazzo. En aquel turno hubo impericias propias y un exceso de confianza.

Eso explica, a la distancia, que Emilio Rached se le haya escapado a su jefe, Gerardo Morales; que Teresita Quintela haya abandonado con un portazo, liviana, Balcarce 50, y Julio César Cobos, invocando las caminatas de su hija por Mendoza, dinamite la resolución de las retenciones.

Los tres gatillos que, en teoría, eran garantía fallaron secuencialmente. Por eso, sin límites, Kirchner se encargó en persona de cerrar cada caso. Hasta evaluó recurrir a Carlos Menem. «¿El Turco va a votar a favor de Clarín con todo lo que le hicieron?». Algo de razón tuvo: Menem, al final, faltó a la plena votación.

El jueves a la tarde, a varios visitantes, les mostró los números; «42 mínimo», alardeó. El viernes, antes y después del fútbol en la quinta de Olivos, repitió el punteo en voz alta mientras Héctor Icazuriaga le notificaba sobre el tumulto K frente al Congreso a la espera de la aprobación de la ley.

El jefe de la SIDE, «Chango», fue en la trasnoche del viernes el edecán matrimonial que siguió, en la madrugada, los discursos y la votación. Hubo un brindis anticipado. Cristina de Kirchner, de a ratos, repasó datos de su viaje a la India. Y convino con Aníbal Fernández para, el sábado mismo, firmar la reglamentación de la ley de medios.

El jefe de Gabinete fue el encargado de llamar a Julio Cobos para pedirle que acelere el trámite en el Senado. «La Presidenta quiere firmar la reglamentación antes de irse de viaje», le dijo, protocolar, el quilmeño. El vice no puso reparos. Fue expeditivo. A las horas, el texto partía del Senado con su firma.

¿Fue en esas horas, y de boca de Icazuriaga, que sobrevoló la versión de un veto de Cobos mientras ejercía la presidencia en ausencia de Cristina de Kirchner? El temor rebotó en el Congreso y hasta apuró una consulta de la Presidente al interventor del COMFER, Gabriel Mariotto, que transitaba Entre Ríos.

Changos

Por las dudas, el trámite se apuró y antes de trepar al avión, la Presidente había puesto su firma. Luego lo anunció Aníbal F. ante la prensa, oportunidad que utilizó para desplegar una vez más sus virtudes de negador riguroso respecto de los planes del Gobierno en relación con Papel Prensa.

Al margen de la bestialidad de Guillermo Moreno, la Casa Rosada explora la alternativa de una ampliación de capital de la firma que permita, además de incrementar la presencia del Estado, incorporar a otros actores y protagonistas del universo de los medios -sobre todo del interior- a Papel Prensa.

De todos modos, es probable que ésa no sea la próxima medida. Kirchner, como vocero de su esposa, ha dicho que seguirá profundizando en lo que llama la «democratización de los medios», pero evita las precisiones. «Esto no se terminó. Vamos a seguir en esa línea», anima, críptico.

Espera, además, beneficiarse con un efecto contagio de la ley de medios K: esta semana empieza a discutirse el Presupuesto 2010, debut de Amado Boudou en el oficio de numerólogo, y el matrimonio presume que luego de la aprobación del viernes, el trámite será menos accidentado que lo que parecía hace dos meses.

El ministro de Economía, hiperkinético, pretende viajar el 7 de noviembre a Escocia, para la próxima cumbre del FMI, con el Presupuesto aprobado. Pidió, en simultáneo, que le confeccionen un preciso informe sobre el mapa del negocio mediático para poder responder ante cualquier consulta fuera de agenda.

¿Prepara, además, respuestas sobre la hipótesis de una reforma a la Ley de Entidades Financieras -sobre la que hace tiempo trabajó un equipo de economistas ligado a Carlos Heller- o respecto de la idea de aplicar una renta financiera?

En ese rubro, parece revelador lo que sostiene Aníbal Fernández, que aborda el asunto con lo que parece una metáfora que navega en los principios de la física: «El sistema tiene mucha liquidez, pero no está sólido». Parece una contradicción; no lo es.

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