30 de agosto 2011 - 00:00

La abstracción desde una nueva perspectiva

La abstracción desde una nueva perspectiva
El mes pasado, la investigadora del arte María Amalia García presentó en el Malba su nuevo libro: «El arte abstracto. Intercambios culturales entre Argentina y Brasil», editado por Siglo XXI.

El texto se inicia en Buenos Aires, en 1944, cuando se funda «Arturo», la «Revista de Artes Abstractas». A partir de allí la investigación se despliega como un abanico. García va y vuelve hacia las ciudades de Río de Janeiro y San Pablo, recorre el extenso escenario de modernidad regional e internacional y se detiene en los enclaves de la producción abstracta de los años 40 y 50.

La estructura del análisis es rizomática, y desde esta perspectiva horizontal, que deja de lado el abordaje de lo «nuevo» para seguir los rastros donde reaparecen «puntos de vista europeos, pero transformados y resituados con el fin de convertirlos en plataformas de renovación», María Amalia García descubre un paisaje diferente, vastos territorios hasta hoy inexplorados.

Paul Válery aseguraba que la claridad es la cortesía del escritor y si bien esta investigación es exhaustiva y, desde ya, ineludible para los historiadores del arte, resulta grata también para el lector común y para quienes se interesan por la historia de las expresiones abstractas de Latinoamérica. Desde los inicios del texto, García incorpora una -imprescindible- definición del término «abstracción» como «concepto unificador de distintas propuestas no figurativas: arte abstracto, arte concreto, constructivismo, madí, neoconcretismo, perceptismo».

Hasta hoy, con la mirada puesta en el

Norte, los latinoamericanos nunca profundizamos el estudio de la relación del arte abstracto argentino con el de nuestros pares brasileños. Se trató más bien durante décadas de probar el parentesco con los europeos o estadounidenses. La aparición de este texto viene a aportar pruebas de filiaciones que estaban frente a nuestros ojos pero que no veíamos.

¿Qué intereses y objetivos reunieron a artistas, intelectuales e instituciones en torno a las propuestas de la abstracción en la Argentina y Brasil? se cuestiona García. Su respuesta es, de algún modo, política, el libro ilumina ese imaginario hegemónico de modernización que se intentaba promover en ambos países, y deja al lector reflexionando. ¿Qué aspectos sobreviven aún de aquel pasado en nuestro desideologizado arte abstracto y también en nuestras sociedades?, es el interrogante que queda flotando.

A.M.Q.

Dejá tu comentario