18 de diciembre 2009 - 00:00

La Argentina debe mejorar su imagen

La Argentina debe mejorar su imagen
Está claro que la Ar-gentina está reco-rriendo con convicción el camino de salida de la crisis experimentada como consecuencia de la caída padecida desde fines de 2008 por la economía mundial. Los pronósticos sobre el nivel de actividad para 2010 son francamente optimistas. En el comienzo de la crisis habíamos anticipado nuestra impresión de que, dado el nivel y la configuración de los «fundamentals» de la economía argentina, la crisis no iba a ser tan profunda ni tan prolongada, cuando había quienes temían la reedición de la crisis de 2001/2002.

Afortunadamente estábamos en lo cierto, incluso en nuestro pronóstico de que la crisis iba a ser del tipo «V», con una rápida fase de recuperación. Como experiencia del sector, podemos decir con satisfacción que, a diferencia de otras crisis, en esta oportunidad la gente creyó en la solidez del sistema financiero y el sistema financiero reaccionó adecuadamente. Hoy han vuelto a crecer los depósitos en pesos, lo que vemos como una ratificación de esa confianza.

Está claro también que el Gobierno nacional va a intentar mantener el modelo que le ha dado buenos resultados desde el punto de vista del crecimiento, esto es, tipo de cambio competitivo y superávits gemelos. Vemos entonces una ligera depreciación de la moneda de aquí a fin de año, y una devaluación del orden del 9% en 2010, que acompañará una inflación del mismo rango, de modo tal que el tipo de cambio real no se atrasará.

El Gobierno deberá arbitrar las políticas para sostener los otros pilares del modelo, los superávits gemelos. Para poder cumplir con esta meta hay que trabajar fuertemente en reducir subsidios, ya que para alcanzar el superávit fiscal necesario hace falta bajar el gasto. Esto se va a poder hacer sin comprometer bienestar, ya que en muchos casos se subsidia a quien no lo necesita. La Argentina debe superar los problemas de imagen que hoy tiene en el mundo de los negocios, para volver a insertarse en los flujos del capital internacional, condición necesaria para que, por ejemplo, puedan bajar las tasas de interés locales. En este sentido parece imprescindible encontrar algún modo de convivencia con el FMI, aunque sin permitir injerencia alguna en la política económica nacional.

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