25 de agosto 2009 - 00:00

La arquitectura vuelve a su raíz

El arquitecto Mario Roberto Álvarez, el ingeniero Jorge Ctibor y el arquitecto Clorindo Testa.
El arquitecto Mario Roberto Álvarez, el ingeniero Jorge Ctibor y el arquitecto Clorindo Testa.
En el contexto de la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires - BA/09- que se llevará a cabo del 3 al 12 de octubre, se presentará «La arquitectura y el ladrillo», muestra del concurso convocado por el Centro de Arte y Comunicación y Ctibor. Se expondrán obras de arquitectura recientes, de los últimos cinco años, caracterizadas por un lenguaje en el que se destaque la incorporación del ladrillo por sus cualidades estéticas y constructivas, tanto sea en fachadas utilizado a la vista o revestido, en paramentos, muros y tabiques interiores, como un aliado del diseño donde sus propiedades y virtudes lo siguen manteniendo vigente y protagónico en la arquitectura contemporánea.

El ladrillo es uno de los materiales de construcción más antiguos y su historia se remonta a los orígenes de la civilización, desde 10.000 a.C. el ladrillo de barro o adobe, y más tarde, en 5000 a.C. el moldeado en Mesopotamia, hasta que en 3500 a.C., con el hito del ladrillo cocido se logró la resistencia de la piedra pero con infinitas posibilidades de reproducción. En Roma, se utilizó la combinación de ladrillo y hormigón para la estructura de las grandes termas de Caracalla y el Panteón.

La Cúpula del Panteón está hecha de hormigón en masa, pero el ladrillo desempeña un importante papel en la construcción del tambor que la sostiene. Bizancio perfeccionó la fabricación del ladrillo romano y la gran iglesia de Santa Sofía es un ejemplo de ello.

El emperador Constantino trasladó su capital desde Roma a Constantinopla (hoy Estambul) en el 330 d.C.; aproximadamente dos siglo más tarde, el emperador Justiniano junto con sus arquitectos Antemio de Trales e Isidoro de Mileto, levantaron Santa Sofía, un edificio extraordinario que después de 1500 años sigue despertando admiración. En Asia, China desarrolló métodos en la construcción que le permitieron un ladrillo más duro y fuerte, en un proceso que culminó en hermosas pagodas y la Gran Muralla.

En la Edad Media, hacia 1200, el uso del ladrillo estaba ampliamente difundido; y desde el Renacimiento, se fue cambiando la forma de empleo; resultaba más económico y se expandió por todos los sectores sociales. En el siglo XVII, con la revolución industrial en Inglaterra se desarrollaron técnicas que permitieron la producción a gran escala y su traslado a largas distancias.

En el siglo XIX, se pasó del trabajo artesanal a la industria mecanizada y el ladrillo se convirtió en el material estándar para la industria y el comercio, así como para los primeros rascacielos. Durante el siglo XX proliferaron las obras con ladrillos y algunos de los mejores arquitectos modernos lo han utilizado en sus edificios más emblemáticos: Alvar Aalto, La residencia de estudiantes Baker; Louis Khan, La Biblioteca Philips Exeter; Mario Botta, La catedral de Evry.

En nuestro país, la Fundación Espacio Ctibor que promueve la investigación y la innovación tecnológica en la industria de la construcción, ha fundado el Museo del Ladrillo que enlaza el pasado y el presente de las actividades en torno a ese material. Ubicado en la antigua fábrica de ladrillos fundada en 1905, sobre el Camino Centenario vía de acceso a la ciudad de La Plata, el edificio del museo posee un auditorio y salas de exposición de piezas históricas, herramientas, planos y fotografías.

La inauguración de «La arquitectura y el ladrillo» se realizará con la presencia de los cincuenta arquitectos internacionales que participarán en las conferencias magistrales de la Bienal de Arquitectura. En esa ocasión, se los invitará a visitar un ejemplo paradigmático en esa ciudad, la Casa Curutchet diseñada por Le Corbusier. El gran arquitecto y artista, Charles Édouard Jeanneret (1887-1965), a partir de 1920, publicó la revista «LEsprit Nouveau», en París, donde residió y comenzó a firmar sus artículos -verdaderos manifiestos- con el seudónimo Le Corbusier.

Es el discurso que ha vertido en los muchos diseños y en las pocas pero brillantes obras realizadas (la magnífica Ville Savoye, de Poissy, comenzó a ser erigida precisamente en 1929). Los postulados del maestro suizo-francés subyugaron e irritaron a sus colegas de Europa y otras latitudes. También a los de Buenos Aires donde llegó el 1 de octubre de 1929. Era su primer viaje fuera de Europa, y esa visita a América se inició por la Argentina, y luego aprovechó para conocer Montevideo, Asunción del Paraguay, Río de Janeiro y Sao Paulo.

La Asociación Amigos del Arte lo había invitado a ocupar su tribuna, con el auspicio de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, donde dió diez conferencias, del 3 al 19 de octubre, que el año siguiente reunió en un libro, con el título Precisiones. «Buenos Aires se me apareció como el lugar del urbanismo de la época contemporánea» -dijo-. «Un día, bajo mi primera visión de la ciudad extendida al borde del río, construí la ciudad que podría ser Buenos Aires si un civismo ardoroso y una razón imperiosa suscitaran las energías necesarias. Sentí profundamente que esas energías iban a alzarse muy pronto, hasta tal punto ha sonado aquí la hora de la arquitectura».

En 1937, los arquitectos argentinos Juan Kurchan y Jorge Ferrari Hardoy, visitaron al maestro en su estudio parisino de la Rue de Sèvres, y lo animaron a trazar el Plan Director de Buenos Aires. Los diseños y documentos, esbozados en 1938-39, llegaron a la Argentina en 1941, y se publicaron en 1947, casi veinte años después del deslumbramiento de Le Corbusier con la ciudad. El Plan Director tuvo la virtud de suscitar la creación, a fines de 1947, de la oficina Estudio del Plan de Buenos Aires, en la Municipalidad, encabezada por Ferrari Hardoy, que venía a sustituir al organismo fundado por Carlos della Paolera, en 1932, lamentablemente disuelto en 1943.

La Argentina pudo además contar con la única obra de Le Corbusier levantada en la América Latina (hay otra de él en los Estados Unidos): es la Casa Curutchet, hoy, sede del Colegio de Arquitectos de esa ciudad, que diseñó para el cirujano Pedro Curutchet en La Plata, y cuya ejecución (1949-53) fue realizada por el reconocido arquitecto argentino Amancio Williams.

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