Apenas tres ruedas separan de la fecha de cierre de ejercicio; hay tiempo todavía para ciertos «retoques» que algunas carteras densas deseen generar, tanto en lo colectivo -el Merval- cuanto en lo individual, de algún papel que resulte de sumo interés. Y más allá de picardías «navideñas», puede decirse que merece disfrutarse un movimiento que duplicó la marca del índice en estos doce meses. Lo que retrotrae la situación a finales de 2008, en lo que hace a un reencuentro con el capital (al menos, en términos nominales). Fue así una Bolsa «color de rosa», inserta en un conjunto internacional que también supo dispensar buenos halagos. Y cuando todavía se está en el proceso de limpiar ruinas de las economías y ver si aparece -sólida- una zona de reconstrucción de estructuras, en la economía global.
Como se aprecia a diario, en los medios crecen al por mayor las estimaciones acerca de 2010 y lo que cada autor derrama sobre sus lectores: sobre la base de su visión de futuro. Al foro conviene también invitar a un viejo y eficaz Perogrullo, el que coteja escenarios y valores de este ejercicio y el anterior, para remarcar que la carrera de 2010 no se larga desde mercados «en liquidación», sino de los que han sabido retribuir, de manera hasta fastuosa, en 2009.
Un aspecto luce preocupante y es la baja que produjo del «capital en giro» de las Bolsas. Mucho más que aquí con un ámbito del Dow Jones donde se arribó a sólo 600 millones, previos a Nochebuena, marcando más deserciones que llegadas a los recintos. Arrancan tres ruedas finales, donde lo que pase es simple «nota de color». La Bolsa ya dijo todo.
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