Londres - Los conservadores y los laboristas consiguieron asustar por igual a los grandes empresarios británicos, los primeros con su promesa de un referendo para salir de la Unión Europea y los segundos con casi todo su programa. A falta de tres meses para las elecciones del 7 de mayo, el director general de la cadena farmacéutica Walgreens Boots Alliance, que emplea a 70.000 personas en el Reino Unido, impugnó por completo el programa del líder laborista Ed Miliband.
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"Si actúan como hablan, sería una catástrofe" que ganaran, dijo el italiano Stefano Pessina al dominical Sunday Telegraph.
Los medios patronales temen un aumento de los impuestos, la relajación que perciben en la izquierda a la hora de enfrentarse al déficit público o la promesa de congelar los precios del gas y la luz. Ante este ataque, los laboristas respondieron recordándole a Pessina que no paga impuestos en el Reino Unido porque su residencia oficial está en Mónaco.
En cualquier caso, el incidente es un recordatorio de las dificultades de los laboristas -con la excepción quizá del período de Tony Blair- de seducir al empresariado. Ed Balls, su encargado de asuntos económicos, no pudo más que citar a un tal "Bill", a secas, cuando se le preguntó qué empresarios apoyaban abiertamente a su partido. "Para ser honesto, se me escapa su apellido", reconoció, visiblemente incómodo, en una entrevista en la BBC.
"Quienes se han pronunciado recientemente tienden a tener fuertes lazos con los conservadores o intereses personales en sus políticas", estimó Simon Wren-Lewis, profesor de Economía de la Universidad de Oxford. "El Partido Conservador y los diarios que lo apoyan -es decir, la mayoría de los británicos- darán mucha publicidad a quienes atacan públicamente a los laboristas, así que es difícil saber si son verdaderamente representativos", aseguró.
Las elecciones se presentan más reñidas que nunca y el Gobierno de David Cameron puede presumir de balance económico: el país vuelve a crecer económicamente (2,6% en 2014), el desempleo está en su nivel más bajo en seis años y los ingresos reales empiezan a mejorar.
Pero una de sus promesas es una pesadilla para los empresarios: convocar un referendo antes de que acabe 2017 sobre la pertenencia a la UE, pese a que Cameron aboga por quedarse si se reforma la organización.
Es "el nubarrón más grande en el horizonte", dijo Martin Sorrell, el patrón de la primera empresa mundial de publicidad, WPP, que teme que muchas inversiones se aplacen hasta que se sepa si los británicos se van de Europa.
La organización patronal CBI cifró el beneficio de pertenecer a la UE entre u$s 94.500 millones y u$s 119.000 millones, es decir, del 4% al 5% del PBI británico. "Creo que es una situación difícil para las empresas, que en cierta manera están entre la espada y la pared", resumió Wyn Grant, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Warwick. De un lado, los empresarios temen "la incertidumbre considerable" del referendo; de otro, la idea de que Miliband "es menos sensible a las empresas que el Nuevo Laborismo" de Blair.
Lo único cierto es que los empresarios no aprecian la incertidumbre. Según la última encuesta de Deloitte entre directores financieros, éstos estimaron que el principal riesgo de los próximos meses son las elecciones de mayo, seguidas por el referendo de la UE, empatado con los problemas en la eurozona.
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