1 de diciembre 2014 - 00:00

La Casación anima puja de fin de año entre oficialismo y jueces

Luis Cabral
Luis Cabral
 La presidencia de la Casación Penal Federal es desde hoy el último trofeo en juego que este año ofrece a las distintas tendencias del Poder Judicial, tanto críticas como de mayor afinidad con el oficialismo. Un asiento cuyas acciones cotizan en alza y que despierta ineludiblemente el interés tanto de la Corte Suprema como del Gobierno. La definición está más enredada que en otras ocasiones por el clima de hostilidad que caracteriza la relación entre algunos despachos. La crispación tiene su origen en el hecho de que el máximo tribunal penal cuenta con un espectro variopinto que incluye representantes tanto de la Asociación de Magistrados como del colectivo Justicia Legítima.

El deadline para designar autoridades es el 20 de diciembre y el suspenso podría llegar hasta el final. El titular de la Casación, Mariano Borinsky, busca adeptos para organizar el plenario decisivo, pero ya ha escuchado la condición de que antes de elegir presidente es imperioso resolver sobre la subrogancia de Luis María Cabral. Juez de la lista Bordó y consejero de la Magistratura, su estabilidad en Comodoro Py es objetada por cuatro jueces de la Casación.

Semanas atrás Cabral sorteó un plenario áspero en el cual logró ser confirmado como subrogante. Superada esa prueba jugó un rol decisivo en el holgado triunfo de Ricardo Recondo como nuevo titular del gremio de jueces y se cargó el tramo final de la campaña con apariciones mediáticas de efecto rotundo y que hasta por momentos lograban que el hecho de la veda reglamentaria previa a los comicios pasara inadvertida, como un detalle menor.

La presidencia de la Casación debería ser, según el orden establecido, para Ana María Figueroa. Allegada a Cabral, complicó sus chances en el último plenario, luego de un estallido verbal de rasgos poco decorosos para el cargo que ostenta y que dejaron una opinión adversa en sus colegas.

Cabral es un jugador clave en la posibilidad de que el presidente de la Casación sea distante del oficialismo, pero antes debe confirmar su permanencia en el tribunal que en las últimas semanas se ve objetada mediante estruendosas notas que llevan la firma de Juan Carlos Gemignani y en las cuales se detallan las causas pendientes de su vocalía y se objeta su presencia en la Magistratura antes que en los acuerdos de la sala que integra en la Casación. Cerca de Cabral interpretan esa embestida como una táctica de Gemignani para posicionarse a la presidencia de la Casación. Gemignani, que no es un juez cercano al kirchnerismo, ya desestimó en dos ocasiones dicha aspiración.

Para el oficialismo, la subrogancia de Cabral es un debate que se enmarca en la contienda que el juez desarrolla con el representante del Ejecutivo en la Magistratura, Julián Álvarez. Lo que inicialmente sería una relación ganar-ganar terminó como un enfrentamiento que se traslada por todos los escenarios de peso, desde el Consejo hasta la elección del gremio pasando por el futuro de la Casación.

El final de esta puja es abierto porque ningún camarista parece reunir los consensos necesarios, lo cual da rienda a nuevas ambiciones. Borinsky, juez moderado que no reporta ni al gremio ni a Justicia Legítima, con un discurso sustentado en los niveles de eficiencia de la cámara, busca apoyos para una reelección que sería histórica para el tribunal. Liliana Catucci también ha coqueteado con ese asiento especialmente con la idea de armar juego contra Borinsky, con quien asegura tener diferencias insalvables. Ambos respaldaron la permanencia de Cabral, aunque el voto de Borinsky, por ciertas conversaciones previas, fue una sorpresa amarga para el oficialismo.

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