7 de enero 2010 - 00:00

La caza de brujas a Tiger Woods

La caza de brujas a Tiger Woods
Tener más de mil millones de dólares no es garantía de nada; eso pensó el pasado 30 de diciembre Tiger Woods cuando sopló casi en soledad las 34 velitas de su cumpleaños, en su casa del estado de Florida. El mejor golfista de todos los tiempos, según dijeron los entendidos hasta el 27 de noviembre pasado, cuando chocó con su camioneta por ir discutiendo con su mujer, la bellísima sueca Elin Nordegren, quien descubrió una nueva infidelidad de parte de su marido.

El deportista que más dinero ganó en toda la historia fue a fuerza de triunfos (en los últimos 13 años ocupó en 10 temporadas el número uno en la Orden de Mérito) una tentación para las empresas. La ecuación cerraba por todos lados: hijo de inmigrantes, de piel negra, triunfador en una disciplina que siempre lucha por mostrarse popular. Sin embargo, el revés no le llegó sólo en su vida privada. Al pedido de divorcio de su ex, a Tiger le fueron llegando de a una las cancelaciones de los contratos publicitarios que le permitían alzarse con más de 100 millones de dólares anuales. La moralina conservadora yanqui no le perdona semejante exabrupto: en Estados Unidos nadie es infiel y mucho menos los hombres de traje que se sientan detrás de los escritorios que hasta hace un par de meses creían que Tiger era un buen negocio.

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