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“La de Centroamérica sigue siendo una historia secreta”
Ramírez explica así la mirada crítica hacia el marxismo de un personaje de «La fugitiva»: «Yo estuve en el liderazgo de la revolución sandinista y ya se ve en lo que quedamos. Uno siempre transmite desde el subconsciente lo que piensa».
Periodista: A Amanda Solano, la protagonista de «La fugitiva», la construye inspirándose en la escritora costarricense Yolanda Oreamuno. Su libro, ¿es una biografía ficcionada, una novela de no ficción?
Sergio Ramírez: Uno siempre parte de un modelo. En el pasado o en la actualidad siempre hay modelos a los que un novelista se acerca porque le atrae su singularidad, lo que es extraordinario en su vida. Existió Yolanda Oreamuno en Costa Rica, y mi personaje nace de ella. Pero es como cuando se lanza una piedra al agua y crea círculos. El primero, el más cercano, es cómo esta historia se leería en Costa Rica donde la gente sabe quién es Yolanda Oreamuno. En el siguiente círculo se diluye más la persona inspiradora; en Centroamérica se sabe más o menos de ella. Aquí, no se la conoce y, entonces, Amanda Solano sobrevive por sí misma, sin relación al modelo. Y sobrevive si el lector siente que su conflicto le toca, que le podría ocurrir a alguien cercano o lo lleva a hacer una lectura de su propio país, de cuando la sociedad era conservadora y el lugar que ocupaba entonces la mujer. Y ver cómo resolvía sus conflictos una mujer que quería mayor libertad, que se enfrentaba a lo que le imponía el matrimonio, al papel que se le daba en la vida. En eso consiste una novela que se basa en personajes que tienen que vivir por sí mismos. Lo demás tiene que ver con el círculo en que se lee la historia. Nunca pretendí ni una biografía novelada ni una novela biográfica ni una novela histórica, simplemente quise relatar la vida de una mujer.
P.: ¿Cuál fue su mayor desafío al contar esta historia?
S.R.: Meterme en los intríngulis de una mujer conflictiva consigo misma y con la época que le tocó vivir. Y dejar que esa historia fuera contada por mujeres.
P.: Por tres mujeres a las que el narrador entrevista.
S.R.: Y que van construyendo el retrato de Amanda Solano. Eso es lo que me interesaba. Hablar desde la perspectiva femenina y probar cómo es para un escritor hombre introducirse en un mundo femenino de percepciones, de conflictos internos y con la sociedad. Cómo eran la vida sentimental y la política en los años 30 y 40 del siglo pasado. Cómo podía expresarse frente a una sociedad cerrada donde la libertad sexual era algo absolutamente inusitado. Y desplegando esos enfrentamientos íntimos y públicos, ir construyendo a Amanda.
P.: Comienza la historia de Amanda con su muerte y la concluye 300 páginas después con su entierro.
S.R.: El tema de la muerte estaba muy presente en ella. Muere en México en el abandono, la soledad, la pobreza. Es enterrada bajo un número. Hacen la repatriación cuando el marido de una amiga llega a la presidencia. Pero se vuelven a olvidar de ella, y a quedar enterrada bajo otro número, como si nunca hubiera terminado de reconciliarse con esa sociedad provinciana que la rechazó siempre. Y su tragedia familiar sigue. El hijo no se preocupa donde está enterrada. Sigue generando dramas después de muerta.
P.: Su obra acerca a una historia política de Costa Rica que sorprende porque sólo era conocida por algunos grandes nombres.
S.R.: Cuando se proviene como escritor de una región marginal tiene que preocuparse mucho más por el trasfondo histórico que si fuera un autor argentino o mexicano, porque la de Centroamérica sigue siendo una historia secreta. Y si digo que Amanda estaba en conflicto con la sociedad, el lector se preguntará cómo era esa sociedad. Y era patriarcal, conservadora, pero a la vez dinámica, con gente que se había hecho muy rica con el café, y gastaba el dinero haciendo mansiones y teatros, como casi todas las burguesías latinoamericanas del fines del siglo XIX. Y cuando llegan las empresas bananeras se inician los conflictos, nacen los sindicatos, el partido Comunista, y las reformas sociales hasta la revolución del 48.
P.: Hay hechos que parecen surgidos de su fantasía y son realidades históricas. ¿Le surgieron al escribir o fueron parte de una investigación?
S.R.: Cuando un dato histórico entra en la novela es porque es singular. Por caso, que el arzobispo de San José llame a votar por el partido Comunista. Que diga en misa que votar por los comunistas no es pecado. Eso en América Latina no es muy común.
P.: Hay en «La fugitiva» una mirada crítica hacia el marxismo. En un momento se dice «he sabido corregir mis convicciones con los años porque he procurado ver, y si alguna lucidez me queda la aplico a revisar mis antiguos juicios de valor».
S.R.: En ese caso quien habla es una de las amigas. Hay cierta identidad entre ellas, y una identidad conmigo, obviamente. Yo estuve en el liderazgo de la Revolución Sandinista, y ya se ve en lo que quedamos. Creo que uno siempre está trasladando algo propio en sus personajes, trasmite desde el subconsciente lo que piensa.
P.: ¿Cómo surge el título de «La fugitiva»? ¿Es por la constante huida del personaje? ¿Por cómo la persigue el narrador? ¿Es, además, un homenaje a una obra de Marcel Proust?
S.R.: Me llamó la atención que hacia el final de «En busca del tiempo perdido», Proust cambia el nombre de su obra. Le pone al principio «La fugitiva» y luego «El tiempo recobrado». Yo le iba a poner al comienzo «La prisionera», en recuerdo de otra parte de «En busca del tiempo perdido», pero me pareció que su figura era más la de una fugitiva que la de una prisionera. Siempre está huyendo de sí misma, de la sociedad, y de la fatalidad. Muere a los 40 años.
P.: ¿Es por sus admiración por Proust que su personaje lo tiene como emblema del escritor?
S.R.: Amanda, siendo jovencita, entra en un colegio excepcional de Costa Rica, laico, donde le enseñan a leer en francés, le enseñan literatura. De «En busca del tiempo perdido» llegaron cinco ejemplares a San José, y ella compró una de las colecciones. Leyó a Proust a los 17 años. Eso le dio una visión particular frente a una sociedad que ignoraba la literatura moderna. Era lectora de Proust, Virginia Woolf, Faulkner, en medio de una sociedad que no comprende más que la lectura vernácula. Debió ser para ella un drama, y tiene mucho que ver con su rebeldía ante una sociedad adocenada que no entiende ni lo nuevo, ni lo que ella piensa.
P.: Esa rebeldía no sólo la establece en sus ideas del arte y la literatura, las lleva a convicciones políticas, y a sus relaciones amorosas. Es una rebelde en todos los frentes.
S.R.: Pero, además, es una rebelde que se está equivocando. La misma contradicción con la sociedad la lleva a cometer errores que la van haciendo desgraciada. Su introspección tiene mucho que ver también con la rebeldía. No es la heroína armada con la pureza, como Juan de Arco, que se levanta frente al enemigo: la sociedad, sino que se levanta con todas sus imperfecciones. Es una mujer muy frágil que sucumbe en su propio combate, pierde la batalla en todos los sentidos. Su obra literaria queda dispersa. No se conoce de ella más que una novela. Pierde la batalla con los hombres con los que se enreda. Es siempre infeliz, desgraciada. Pierde a su hijo. Es una perdedora. Y va a morir olvidada en México
P.: ¿Sus conflictos sentimentales están signados porque Amanda era muy bella?
S.R.: Esa es una de sus desgracias en una sociedad como la que describo. Es una mujer extremadamente bella, que viene de una familia tradicional, a la que se le ha muerto su padre, vive con su abuela, y su madre se hace costurera. La belleza de una mujer venida a menos tiene la tentación del abuso, del echarle mano. Un hombre la secuestra, quiere forzarla. La invalidez de medios la hace casarse con un diplomático chileno que está enfermo y la contamina. Luego se casa con un líder comunista, que no por ser comunista es menos machista, y no tiene espacio para ella en la casa. Él llena la casa con su ego, y ella tiene el suyo. Él es incapaz de reconocer su mediocridad, choca con la brillantez de ella. Y ella que siempre dijo que no iba a ser segundo violín de nadie.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
S.R.: De aquí me voy a Italia. Estoy invitado a un centro de escritores de Bellagio, que depende de la Fundación Rockefeller, donde voy a estar avanzando en la escritura de una colección de cuentos. Vuelvo al relato corto, que es donde me originé como escritor.
Entrevista de Máximo Soto


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