12 de diciembre 2011 - 00:00

La CIA, Castro y Pablo Escobar, en el sinuoso legajo de “cara de piña”

Foto de Manuel Noriega al ser arrestado el 4 de enero de 1990. Fue aliado de EE.UU. y agente de la CIA, pero la relación se enturbió.
Foto de Manuel Noriega al ser arrestado el 4 de enero de 1990. Fue aliado de EE.UU. y agente de la CIA, pero la relación se enturbió.
París - Hombre fuerte de Panamá en los años 80, distinguido con la Legión de Honor en Francia y derrocado por Estados Unidos, Manuel Antonio Noriega, condenado en 2010 en París por lavado de dinero del narcotráfico, fue extraditado ayer a su país.

Considerado un militar sin escrúpulos, exagente de la CIA vinculado a Pablo Escobar y a Fidel Castro, Noriega, que en febrero cumplirá 78 años, regresó a Panamá 15 días después de que se autorizara su extradición. La Justicia local lo reclama para cumplir tres condenas a 20 años de cárcel cada una por el asesinato de tres opositores.

Tras pasar 21 años preso en Miami, acusado de complicidad con el narcotráfico, en 2010 Noriega fue extraditado a Francia, donde fue sentenciado a siete años de cárcel por el blanqueo de tres millones de dólares del cartel de Medellín en bancos franceses durante los años 80, una trama que el exmilitar denunció como un «montaje bancario imaginario».

Avejentado, con dificultades para caminar y diversos problemas de salud, quien fuera apodado en sus tiempos de gloria «cara de piña» reafirmó varias veces ante jueces franceses en los últimos meses que quería volver a Panamá.

Nacido en febrero de 1934 en una familia pobre, Noriega inició muy joven la carrera militar. Tras participar en 1968 en un golpe contra el presidente Arnulfo Arias comenzó su ascenso hasta convertirse, en tiempos del general Omar Torrijos, en uno de los uniformados más cercanos del caudillo nacionalista.

Fue entonces cuando se enroló como espía de la Agencia Central de Inte-

ligencia estadounidense (CIA), omnipresente en Panamá para vigilar el codiciado Canal, controlado hasta 2000 por Estados Unidos.


Después de la muerte de Torrijos, en 1981, en un misterioso accidente de aviación y tras la negociación de los tratados que garantizaron la devolución del Canal a Panamá, Noriega se convirtió en jefe de los servicios de Inteligencia.

Su poder fue total a partir de 1983 cuando accedió a la comandancia de la Guardia Nacional, a cargo del control de las Fuerzas Armadas, la Policía, el departamento de inmigración, el control aéreo y la administración del Canal.

En un contexto de guerras civiles en Centroamérica, Noriega fue capaz de jugar en varios frentes para mantenerse en el poder, pero de aliado fiel de EE.UU. terminó siendo su enemigo número uno con la llegada a la Casa Blanca de George Bush padre (1989-92), expatrón de la CIA. Estados Unidos empezó a aislarlo y la represión interna se intensificó.

Aunque Noriega conservó cierto apoyo gracias a un discurso populista, esas acusaciones desencadenaron manifestaciones en Panamá.

El Senado estadounidense le exigió abandonar el poder, pero el militar se negó y desafió al vecino del Norte, que entonces lo acusó de narcotráfico.

La imagen de los helicópteros estadounidenses sobrevolando «Panama City» quedó en la memoria de muchos. Aquel 20 de diciembre de 1989, tropas estadounidenses llevaron a cabo una cruenta invasión en la que murieron cientos de civiles para derrocar a Noriega, que se refugió en la Nunciatura, pero terminó rindiéndose.

Agencia AFP

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