9 de octubre 2013 - 00:00

La cultura hoy, según Bauman

La cultura hoy, según Bauman
Zygmunt Bauman, "La cultura en el mundo de la modernidad líquida" (Bs.As., Fondo de Cultura Económica, 2013, 101 págs.)

Para el sociólogo polaco, afincado en Londres, Zygmunt Bauman, nuestro tiempo, esta modernidad que algunos denominan posmodernidad "ha pasado de su fase 'sólida' a su fase 'líquida'. La modernidad se vuelve líquida en el transcurso de una 'modernización obsesiva y compulsiva' que se propulsa y se intensifica a sí misma, como resultado de la cual, a la manera del líquido, ninguna de las etapas consecutivas de la vida social puede mantener su forma durante un tiempo prolongado". Nada es estable, nada es permanente. Y eso en la cultura se manifiesta de un modo que no tiene precedentes. Si las tecnologías han acelerado los procesos de mutación, el fenómeno se desarrolla en todos los aspectos, y en algunos aspectos de forma dramática aunque se muestre en faz divertida.

La cultura fue una creación en la Grecia antigua que hizo que el teatro fuera un fenómeno de participación popular, que servía para incluir y educar a todos los sectores en la pluralidad de voces, la diversidad de "verdades" contrapuestas que permitía la democracia. El modelo fue tomado siglos después por los reyes, y alcanzado su mayor avance en el Renacimiento, para permitir establecer una jerarquización mayor en los ayudantes, asistentes, colaboradores y sirvientes. Con la Revolución Francesa, la Revolución Industrial, con el Iluminismo, con el triunfo de la burguesía y el capitalismo, apareció la importancia de educar y refinar a las masas.

Hace poco, el sociólogo de las artes Richard Peterson, tras veinte años de investigación, señalaba la situación actual en que se produce "un deslizamiento de los grupos de élite, desde aquella intelectualidad snob que desdeña toda la cultura baja, vulgar o popular de masas hacia una intelectualidad omnívora que consume un amplio especto de formas artísticas populares así como cultas". Ocurre, según señala Bauman, que "ninguna obra de la cultura me es ajena; que no me identifico con ninguna en un ciento por ciento, de manera total y absoluta, y menos aún al precio de negarme otros placeres. En todas partes me siento como en casa, a pesar de (o quizá porque no hay ningún lugar que pueda considerar mi casa). No se trata de la confrontación entre un gusto (refinado) y otro (vulgar), como la disposición a consumirlo todo contra la selectividad melindrosa. La elite cultural está vivita y coleando: hoy está más activa y ávida que nunca... pero está tan ocupada siguiendo hits y otros eventos culturales célebres que no tiene tiempo para formular cánones de fe o convertir a otros".

El Premio Príncipe de Asturias de Comunicación Humanidades 2013, radiografía un momento social donde la cultura, que fuera concebida como un agente de cambio, un modo de refinar las costumbres, educar para elevar el nivel y hacer progresar a las masas, pierde su sentido misional. En el mundo de un mercado extremadamente activo lo que importa es seducir al público. Un público que lee a Coetzee y a Dan Brown, que pasa de la música de ópera a la bailantera, que va de pisotear una instalación de vanguardia a comprarse un poster retro. La cultura, según Bauman, inserta como uno de los ejes de la sociedad de consumo planetaria ya no intenta satisfacer las necesidades existentes sino crear otras nuevas, y "garantizar la permanente insatisfacción" de las que ya están afianzadas. Las librerías se ven abarrotadas de obras deseables que cambian rápidamente en las mesas de exhibición para dar paso a otras que buscan la conquista del deseo del que pasa. Todo en el mundo cultural es un líquido que se escurre, todo tiene el carácter de lo momentáneo, todo entra en competencia por la atención insoportablemente fugaz y distraída de los potenciales "clientes de cultura al paso".

Tan provocador como en su otros libros Zygmunt Bauman revisa el concepto de cultura desde sus orígenes, para llegar cuando los valores parecen haber caído en una cajón de sastre, donde hasta las formas clásicas del arte pueden formar parte del show business.

M.S.

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