4 de junio 2012 - 00:00

La curia, un poder imposible de domar

El cardenal Tarcisio Bertone, «primer ministro» de Benedicto XVI, es el eje de las intrigas que sacuden al Vaticano. Cardenales que recelan de su enorme poder estarían detrás del caso de las filtraciones de documentos.
El cardenal Tarcisio Bertone, «primer ministro» de Benedicto XVI, es el eje de las intrigas que sacuden al Vaticano. Cardenales que recelan de su enorme poder estarían detrás del caso de las filtraciones de documentos.
Roma - Cuando el cardenal Joseph Ratzinger se convirtió en el papa Benedicto XVI en 2005, epítetos como el «Rottweiler de Dios» o «Panzerkardinal» sugirieron que podría llevar parte de la eficacia alemana a la opaca burocracia del Vaticano, la Curia. En vez de eso, cuando estalló el escándalo conocido como «VatiLeaks», el jefe de la Iglesia Católica no ha podido ni mantener en secreto su propio correo privado.

Su mano derecha, elegido a dedo, el cardenal Tarcisio Bertone, afronta un «motín de monseñores» por parte de prelados en las salas del poder.

El papado de Benedicto XVI ha estado marcado hasta ahora por controversias sobre asuntos que ha dicho o hecho, como sus críticas al islam en Ratisbona en 2006 o su decisión de 2009 de readmitir

a obispos ultratradicionalistas excomulgados. Ahora, un objetivo que no ha logrado materializar -ganar el control sobre la Curia- ha vuelto para perseguirlo. La filtración de documentos confidenciales sobre temas como las finanzas del Vaticano o audiencias privadas del pontífice pueden hacer que su papado parezca débil y desordenado.

Críticas

«Casi hemos olvidado que la reforma de la Curia era parte del programa de Benedicto XVI en un principio», recordó Isabelle de Gaulmyn, que era entonces corresponsal en el Vaticano para el diario católico francés La Croix. «Siete años después, la Curia nunca ha parecido tan opaca, ineficaz, cerrada y mal gobernada como lo está hoy», apuntó.

El escándalo «VatiLeaks» ha revelado, entre otros asuntos, las luchas internas entre bambalinas por el cese del presidente del banco vaticano. El propio mayordomo del Papa ha sido detenido bajo la sospecha de robar documentos que luego fueron filtrados a los medios.

El objetivo parece ser el cardenal italiano Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano (una suerte de primer ministro), acusado por sus críticos de jugar a la política y bloquear sus esfuerzos de erradicar la corrupción y el favoritismo en la gestión del Vaticano.

La Curia, una burocracia con siglos de antigüedad dominada por clérigos italianos, es esencial en el éxito o el fracaso del papado porque puede cancelar o aguar las decisiones si van en contra de sus intereses o tradiciones.

Su nombre procede de la palabra latina para «corte real» y está compuesta por un conglomerado de departamentos, comisiones y tribunales superpuestos, más aptos para una monarquía renacentista llena de intrigas que para un Gobierno democrático y transparente.

Algunos responsables tienen talento y son dinámicos mientras que otros son burócratas que parecen deber sus puestos más a sus contactos que a sus capacidades.

La presión para acometer reformas creció durante el largo papado de Juan Pablo II. Anunció cambios en los años 80 para dar a los obispos mayor poder de decisión en la política vaticana, pero finalmente se centró en sus viajes y sermones y no lo llevó a cabo.

Benedicto XVI fue considerado el mejor hombre para reformarla puesto que ha sido miembro de la Curia desde 1981 y supuestamente la conocía de arriba a abajo. Ahora parece que la tarea pasará a su sucesor.

Votos

La Curia se ha mantenido en términos de poder de la Iglesia pese a la elección de dos papas no italianos y a que una creciente mayoría de católicos procede del mundo en desarrollo. En febrero, la última vez que Benedicto XVI nombró cardenales, 10 de los 18 que pueden elegir al próximo Papa eran miembros de la Curia. Con ellos suman 35 de los votos en el próximo cónclave, lo que implica que desempeñarán un papel importante en la elección y podrían tratar de recuperar el papado para Italia. Los partidarios de la tradición de papas italianos dicen que sólo ellos conocen la cultura lo suficientemente bien para controlar la Curia.

Agencia Reuters

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