Virus del Nilo, «vaca loca», fiebre aviar y, ahora, la fiebre porcina. En todos los casos los analistas aprovecharon el temor a que estos desgraciados brotes se convirtieran en una pandemia, para justificar con ellos cualquier baja de las acciones. Entonces no puede sorprendernos que otra vez se recurra a este argumento, ya que conlleva la promesa de una recuperación apenas amainen los temores (en baja o en suba, hay que «vender»). Otra cosa que no debe sorprender es que los laboratorios medicinales tuvieron una muy buena jornada, que el peso mexicano se depreciara, que el dólar y los treasuries ganaran terreno, que las aerolíneas tuvieran un pésimo día, y en definitiva que cualquier cosa con «olor a cerdo» se aprovechara para jugarle en contra y ganar unas monedas. Mas allá de esto, casi se puede decir que las noticias fueron favorables. Un «buen» balance de Verizon, buenas recepciones al plan de reestructuración de General Motors y al acuerdo entre Qualcomm y Broadcom, los commodities en baja y el petróleo que cerró en u$s 50,07 por barril, etc. No por nada a mediodía el Dow ganaba un 0,57%. Sin embargo, cuando sonaba la chicharra se estacionaba en 8.025 puntos, retrocediendo un 0,64%. Aunque muchos digan que sus directivos son unos «cerdos», lo que lideró esta baja final no tuvo mucho que ver con la epidemia: fue el retroceso de los bancos que terminaron perdiendo algo más del 3%. ¿Por qué? Porque hay ganas de «apostar», pero si surge algo que huela, la Bolsa pasa a segundo lugar.
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